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«EGIPTOLOGÍA CIENTÍFICA Y DIVULGATIVA»

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La Península del Sinaí: fuente de recursos mineros

ISIS (enero 2003)


Ilustración 5

(lingoteras)

Un año más tarde, esta misma Universidad proyectó excavar de nuevo la Mina L, M y G, esta última bastante más distanciada. Ahora los hallazgos de la Mina L fueron más que sorprendentes y entre lo más importante cabe destacar: numerosas inscripciones, fragmentos de moldes de piedra, algunos de ellos sin terminar, y entre los que se encuentran: cuatro en forma de hachas de aspecto arriñonado que oscilaban entre los 12 cms de longitud y los 5 cm de grosor y pesaban alrededor de 1 kilo[126], otros cuatro en forma de cinceles (Ilust. 5), y finalmente, cinco de forma circular, que se identificaron como moldes de lingoteras[127]; restos de crisoles bastante deteriorados de aspecto ancho y bajo la gran mayoría; varias toberas pertenecientes a pipas de soplar; mazos de piedra; restos de fuelles; cuchillos con filo por ambos lados; cinceles, que se caracterizan por su gran sencillez: rectos, terminados en punta, de sección cuadrada y no más de 20 cm de longitud; lingotes, siempre de aspecto redondeado o rectangular; pedazos informes de bronce; bols; y finalmente, espejos de bronce y de forma elíptica de unos 12 cm de diámetro, quizá como ofrendas a la diosa Hathor, pues no hay que olvidar que su templo se hallaba cercano a estas minas. Todo ello fue datado en el Imperio Nuevo[128].

Lo más curioso de todo este conjunto de objetos, fue la disposición de los moldes, de los que ocho estaban rotos, aunque se pudieron recomponer, trece intactos y el resto eran sólo pequeños fragmentos. Estos se hallaban perfectamente ordenados en un rincón de una de las cámaras del interior de dicha mina. En un principio, los investigadores no supieron dar una respuesta a este hecho, puesto que parecía absurdo colocar tal cantidad de material en un lugar en donde se trabajaba con regularidad. Para ellos lo lógico hubiera sido encontrarlos dispersos o como mucho amontonados. Pero a medida que las prospecciones iban avanzando se dieron cuenta que la Mina L y la Mina M se comunicaban entre ellas por medio de un estrecho túnel, por lo que se dedujo que la primera mina explotada fue la Mina L, y cuando ésta dejó de funcionar, posiblemente porque se les había acabado el filón de cobre y turquesa, se pasaron a la Mina M, dejando la primera mina a modo de almacén[129].

La decisión de adentrarse y estudiar la Mina G, alejada de las dos anteriores, se debió fundamentalmente a las escasas referencias que de ella tenían provenientes de los diarios de Petrie, y en las cuales hablaba del hallazgo de dos inscripciones Protosinaíticas en la entrada de dicha mina. Sus trabajos dieron muy buenos resultados puesto que se localizaron las mencionadas inscripciones, las cuales representaban junto con dichos signos, animales y escenas de la vida cotidiana de los obreros que trabajaban explotando las minas de cobre y turquesa[130]. Además, tal y como ocurrió con la Minas L y M, en ésta se descubrieron objetos relacionados con el trabajo de los mineros, aunque su número era bastante más reducido: unos cuantos fragmentos de fuelles, restos de toberas de pipas de soplar, siete crisoles de cerámicas que contenían trozos de cobre de cuerpo bajo y boca ancha, morteros de piedra con los que machacaban el metal o mineral extraído y restos de cerámica también del Imperio Nuevo[131].

A comienzos de la década de los noventa, la misión franco-suiza de la Universidad de Lille III y de Ginebra, dirigida por Valbelle y el Prof. Bonnet, emprendió una campaña por Serâbit el-Jadîm, y de manera especial en el templo de Hathor, cuyos resultados y conclusiones salieron a la luz en 1996[132]. Se verificó la presencia egipcia en dicho enclave en el Imperio Medio, al descubrirse un dintel con el nombre de Sesostris I, dos estelas, también de este período, y dos inscripciones fechadas en el año 8 y 44 del reinado de Amenemes III[133].

Por otro lado, a comienzos de los años 80, Abd el-Maksûd empieza bajo la dirección de la Organización de Antigüedades egipcias una serie de excavaciones en el fuerte de Tell Heboa situado en la llamada Ruta de Horus. Los primeros conocimientos que de ella se tenían databan de 1886, cuando Griffith examinando los alrededores de El Qantarah encontró sus restos, aunque él nunca llegó a realizar ningún tipo de prospección o estudio. Algunos años más tarde, Gardiner vuelve a referirse a este lugar cuando al llevar a cabo una prospección por la zona nos dice que esta fortaleza se halla a 5.50 Km del lago Menzaleh[134]. En cuanto a los resultados de Abd el-Maksûd, éstos no fueron muy abundantes, pero sí de gran interés histórico: un montante de puerta con el nombre de Setos I y restos de dos estelas con el cartucho de A‘ sehre Chamudy[135] que evidenciaba la presencia hicsa en este lugar.

Esta primera excavación vino a ser un avance de lo que supondría más tarde la gran campaña que se organizó en 1986, y que todavía hoy en día parece tener continuidad. Esta excavación llevada a cabo en colaboración con la Universidad de Lille bajo la dirección de Valbelle, pronto empezó a dar el fruto deseado, puesto que se sacó a la luz una vasta fortaleza levantada en una ladera que cubría una superficie de 400 m por 350 m y que estaba construida con un potente muro de adobe tanto crudo como cocido. Entre sus muros se descubrieron restos humanos y de animales, así como fragmentos de cerámica lisa y estampillada, que databan tanto del Segundo Período Intermedio como del Imperio Nuevo (1554/51-1080 a.C.)[136].


[126].- Beit-Arieh, piensa que además de su uso en las minas, también pudieron servir como signo diferenciador y de prestigio entre las personas que vivían en el área, aunque hasta ahora no se ha encontrado ningún enterramiento.

[127].- Beit-Arieh, Levant, 17 (1985), p. 96-100. Este autor esboza la posibilidad que de también pudieran servir para los trabajos de carpintería en el templo de Hathor.

[128].- Beit-Arieh, Canaanites, p. 36-37.

[129].- Beit-Arieh, Levant, 17 (1985), p. 113-115.

[130].- Beit-Arieh, Canaanites, p.61.

[131].- Beit-Arieh y Sass, Tel Aviv, 5, nº 3-4 (1978), p. 183-187.

[132].- Leclant y Clerc, Fouilles et travaux en Egypte et au Soudan 1994-1995. Orientalia 64, Roma, 1995, p. 251-253.

[133].- Valbelle y Bonnet, Sanctuaire, p. 70-73.

[134].- Gardiner, The Ancient Military Road Between Egypt and Palestine. JEA 6, Londres, 1919, p. 105.

[135].- Abd el-Maksoud, Un monument du roi AA -SH - R` NHSY à Tell Heboa. ASAE 69, El Cairo, 1983, p. 3-5.

[136].- Abd el-Maksoud, Une nouvelle forteresse sur la route d'Horus Tell Heboua (Nord Sinaï). CRIPEL 9, Lille, 1987, p. 13-16. Valbelle y Abd el-Maksoud, Le marche du Nord - est. Dossiers d’ Archéologie 213, Dijon, 1996, p. 60 - 65. Los estudios se han centrado de manera especial en la etapa helenística y sobre todo romana y medieval. Ver Louis y Valbelle Les trois dernières forteresses de Tell el –Herr. CRIPEL 10, Lille, 1988, p. 61- 71. Gratien y Soulié, La céramique de Tell el-Herr, Campagnes 1986 et 1987. Étude préliminaire. CRIPEL 10, 1988, Lille, p. 23-55. Gratien, Tell el-Herr. Étude stratigraphique de la céramique. CRIPEL 18, 1996, Lille, p. 51-105.


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