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Ilustración 5
(lingoteras) |
Un año más tarde, esta misma
Universidad proyectó excavar de nuevo la Mina L, M y G, esta última bastante más
distanciada. Ahora los hallazgos de la Mina L fueron más que sorprendentes y
entre lo más importante cabe destacar: numerosas inscripciones, fragmentos de
moldes de piedra, algunos de ellos sin terminar, y entre los que se encuentran:
cuatro en forma de hachas de aspecto arriñonado que oscilaban entre los 12 cms
de longitud y los 5 cm de grosor y pesaban alrededor de 1 kilo,
otros cuatro en forma de cinceles (Ilust. 5), y finalmente, cinco de forma
circular, que se identificaron como moldes de lingoteras;
restos de crisoles bastante deteriorados de aspecto ancho y bajo la gran mayoría;
varias toberas pertenecientes a pipas de soplar; mazos de piedra; restos de
fuelles; cuchillos con filo por ambos lados; cinceles, que se caracterizan por
su gran sencillez: rectos, terminados en punta, de sección cuadrada y no más
de 20 cm de longitud; lingotes, siempre de aspecto redondeado o rectangular;
pedazos informes de bronce; bols; y finalmente, espejos de bronce y de forma elíptica
de unos 12 cm de diámetro, quizá como ofrendas a la diosa Hathor, pues no hay
que olvidar que su templo se hallaba cercano a estas minas. Todo ello fue datado
en el Imperio Nuevo.
Lo más curioso de
todo este conjunto de objetos, fue la disposición de los moldes, de los que
ocho estaban rotos, aunque se pudieron recomponer, trece intactos y el resto
eran sólo pequeños fragmentos. Estos se hallaban perfectamente ordenados en un
rincón de una de las cámaras del interior de dicha mina. En un principio, los
investigadores no supieron dar una respuesta a este hecho, puesto que parecía
absurdo colocar tal cantidad de material en un lugar en donde se trabajaba con
regularidad. Para ellos lo lógico hubiera sido encontrarlos dispersos o como
mucho amontonados. Pero a medida que las prospecciones iban avanzando se dieron
cuenta que la Mina L y la Mina M se comunicaban entre ellas por medio de un
estrecho túnel, por lo que se dedujo que la primera mina explotada fue la Mina
L, y cuando ésta dejó de funcionar, posiblemente porque se les había acabado
el filón de cobre y turquesa, se pasaron a la Mina M, dejando la primera mina a
modo de almacén.
La decisión de adentrarse y
estudiar la Mina G, alejada de las dos anteriores, se debió fundamentalmente a
las escasas referencias que de ella tenían provenientes de los diarios de
Petrie, y en las cuales hablaba del hallazgo de dos inscripciones Protosinaíticas
en la entrada de dicha mina. Sus trabajos dieron muy buenos resultados puesto
que se localizaron las mencionadas inscripciones, las cuales representaban junto
con dichos signos, animales y escenas de la vida cotidiana de los obreros que
trabajaban explotando las minas de cobre y turquesa.
Además, tal y como ocurrió con la Minas L y M, en ésta se descubrieron
objetos relacionados con el trabajo de los mineros, aunque su número era
bastante más reducido: unos cuantos fragmentos de fuelles, restos de toberas de
pipas de soplar, siete crisoles de cerámicas que contenían trozos de cobre de
cuerpo bajo y boca ancha, morteros de piedra con los que machacaban el metal o
mineral extraído y restos de cerámica también del Imperio Nuevo.
A comienzos de la década de los noventa, la misión
franco-suiza
de la Universidad de Lille III y de Ginebra, dirigida por Valbelle y el Prof.
Bonnet, emprendió una campaña por Serâbit el-Jadîm, y de manera especial en
el templo de Hathor, cuyos resultados y conclusiones salieron a la luz en 1996[.
Se verificó la presencia egipcia en dicho enclave en el Imperio Medio, al
descubrirse un dintel con el nombre de Sesostris I, dos estelas, también de
este período, y dos inscripciones fechadas en el año 8 y 44 del reinado de
Amenemes III.
Por otro lado, a comienzos de los años
80, Abd el-Maksûd empieza bajo la dirección de la Organización de Antigüedades
egipcias una serie de excavaciones en el fuerte de Tell Heboa situado en la
llamada Ruta de Horus. Los primeros conocimientos que de ella se tenían databan
de 1886, cuando Griffith examinando los alrededores de El Qantarah encontró sus
restos, aunque él nunca llegó a realizar ningún tipo de prospección o
estudio. Algunos años más tarde, Gardiner vuelve a referirse a este lugar
cuando al llevar a cabo una prospección por la zona nos dice que esta fortaleza
se halla a 5.50 Km del lago Menzaleh.
En cuanto a los resultados de Abd el-Maksûd, éstos no fueron muy abundantes,
pero sí de gran interés histórico: un montante de puerta con el nombre de
Setos I y restos de dos estelas con el cartucho de A‘ sehre Chamudy
que evidenciaba la presencia hicsa en este lugar.
Esta primera excavación vino a ser
un avance de lo que supondría más tarde la gran campaña que se organizó en
1986, y que todavía hoy en día parece tener continuidad. Esta excavación
llevada a cabo en colaboración con la Universidad de Lille bajo la dirección
de Valbelle, pronto empezó a dar el fruto deseado, puesto que se sacó a la luz
una vasta fortaleza levantada en una ladera que cubría una superficie de 400 m
por 350 m y que estaba construida con un potente muro de adobe tanto crudo como
cocido. Entre sus muros se descubrieron restos humanos y de animales, así como
fragmentos de cerámica lisa y estampillada, que databan tanto del Segundo Período
Intermedio como del Imperio Nuevo (1554/51-1080 a.C.).
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Beit-Arieh, piensa que además de su uso en las minas, también pudieron
servir como signo diferenciador y de prestigio entre las personas que vivían
en el área, aunque hasta ahora no se ha encontrado ningún enterramiento.
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Beit-Arieh, Levant, 17 (1985), p.
96-100. Este
autor esboza la posibilidad que de también pudieran servir para los trabajos
de carpintería en el templo de Hathor.
.-
Beit-Arieh, Canaanites, p. 36-37.
.-
Beit-Arieh, Levant, 17 (1985), p.
113-115.
.-
Beit-Arieh, Canaanites, p.61.
.-
Beit-Arieh y Sass, Tel Aviv, 5, nº
3-4 (1978), p. 183-187.
.-
Leclant y Clerc, Fouilles et travaux en Egypte et au Soudan 1994-1995. Orientalia
64, Roma, 1995, p. 251-253.
.-
Valbelle y Bonnet, Sanctuaire,
p. 70-73.
.-
Gardiner, The Ancient
Military Road Between Egypt and Palestine. JEA
6, Londres,
1919, p. 105.
.-
Abd el-Maksoud, Un
monument du roi AA -SH - R` NHSY à Tell Heboa. ASAE
69, El Cairo, 1983, p. 3-5.
.-
Abd el-Maksoud, Une nouvelle
forteresse sur la route d'Horus Tell Heboua (Nord Sinaï). CRIPEL
9, Lille, 1987, p. 13-16. Valbelle
y Abd el-Maksoud, Le marche du Nord - est. Dossiers
d’ Archéologie 213, Dijon, 1996, p. 60 - 65. Los estudios se han
centrado de manera especial en la etapa helenística y sobre todo romana y
medieval. Ver Louis y Valbelle Les
trois dernières forteresses de Tell el –Herr. CRIPEL
10, Lille, 1988, p. 61- 71. Gratien y Soulié, La
céramique de Tell el-Herr, Campagnes 1986 et 1987. Étude préliminaire.
CRIPEL 10, 1988, Lille, p. 23-55. Gratien, Tell
el-Herr. Étude stratigraphique de la céramique. CRIPEL
18, 1996, Lille, p. 51-105.
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