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«EGIPTOLOGÍA CIENTÍFICA Y DIVULGATIVA»

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ISIS (enero 2003)

Esther Pons Mellado


Explotación minera.

Como hemos visto, hay testimonios de que ya desde época tinita los soberanos egipcios se adentraron en este desierto, pero no será hasta la llegada de Esnofru cuando podemos hablar del primer gran paso hacia la explotación de las riquezas de éste. Diversas inscripciones fechadas en el reinado del mencionado rey aluden a las minas explotadas por éste “... minas de Esnofru…” [55], y ya a finales de la dinastía V, con los soberanos Menkauhor y Dyedkare, veremos como este tipo de empresas adquieren la categoría verdaderas Misiones Reales, al introducir la fórmula «la expedición real hecha o mandada por…»[56].

Por otro lado, contamos también con una serie de inscripciones, localizadas principalmente en las vías de acceso a las minas, y estudiadas por Cerny en las primeras décadas del siglo pasado, y por Posener, que hacen clara referencia a una diferenciación laboral entre el personal enviado a estas áreas. De este último autor, cabe destacar la de dos oficiales, Selka y Sabau–Abdu [57], que ocuparon el cargo de Comandantes y Administradores de las tierras extranjeras [58], mientras que del primer investigador, tenemos las de Meri-Re Comandante [59], Semerjet y Necherjet Encargados o controladores de los intérpretes[60], y Merire Anj Encargado de los escribas [61], e incluso, interesantes son las tan sólo conservan los cargos: Escribas e intendentes del cobre[62] y Directores del camino de Horus [63], puesto que han perdido el nombre de la persona a quienes fueron asignados.

A finales del siglo XIX y comienzos del XX, Petrie[64], realizó diversas prospecciones en instalaciones mineras de Wadi Maghara y Serâbit el-Jadîm. En el primer área, y en el exterior de una mina halló cinco crisoles de piedra caliza, de tamaño reducido y en forma de cuenco, así como todo un arsenal de picos muy deteriorados, de forma más o menos arriñonada y de este mismo material[65]. En cuanto a Serâbit el-Jadîm, Petrie descubrió restos de algunos habitats construidos en piedra y en su interior abundantes escorias de turquesa[66], fragmentos de crisoles de las mismas características físicas que los de la zona anterior[67], y con claros paralelos con los hallados por Schiaparelli [68], Brúyère [69], Brunton [70], Montet[71], o Bietak[72], e incluso, con algunos localizados fuera de Egipto como los de Tell edh Dhiba[73], Qeos[74] o Biblo[75]; varios cinceles de cobre de no más de 15 cm de longitud [76], varias lingoteras de piedra caliza y de forma más menos arriñonada, y numerosos picos de forma arriñonada, localizados tanto en el interior de las minas como en sus alrededores, realizados en basalto o piedra caliza, de muy buena factura, con una ranura para insertar un mango de madera, de 1 a 2 kilos de peso aproximadamente y de unas medidas muy similares, entre 18 y 20 cm de longitud y de 5 a 7 cm de ancho. Los estudios de dichos picos demostraron que eran muy similares a los cinco picos de basalto descubiertos por Maurer hacia estas mismas fechas en Serâbit el-Jadîm y estudiados posteriormente por Debono, así como a los localizados en el año 1935 por la Universidad de Harvard bajo la dirección de Starr y Butin, en la denominada Mina M (XIII) excavada por vez primera por Cerny y Gardiner[77].

Por último, Petrie también descubrió un reducido número de piezas de sílex entre las que cabe destacar puntas de flecha, percutores y láminas. Basándose en los restos de cerámica localizada en este amplio espectro fechó todos estos materiales a finales del Imperio Antiguo, Primer Período Intermedio, y comienzos del Imperio Medio, aunque no descartó nunca que fuesen utilizados en etapas anteriores. Defendió la teoría de que los cinceles fueron utilizados por los egipcios, mientras que los instrumentos líticos estuvieron siempre en manos de los beduinos asiáticos, quienes los usaban para extraer el mineral en los intervalos de tiempo en que los egipcios abandonaban las minas, queriendo decir con ello que los beduínos llegaron a explotar las minas por su propia cuenta y riesgo al margen de los egipcios, suposición no demostrada hasta el momento, pero tampoco descartada[78]; e incluso, creyó que los materiales de piedra servían más para moler el mineral, una vez había sido extraído de las minas, que para extraerlo de éstas, y al igual que Morgan[79] llegó a la conclusión que los trabajos efectuados dentro de las minas se hacían con utillaje metálico:

«Es falso que se utilicen instrumentos de sílex, picos, martillos etc., para practicar excavaciones en las rocas de las minas de cobre y turquesa, pues las tallas de sílex son muy raras en Serâbit el-Jadîm y Wadi Maghara y en todos los trabajos mineros en donde se han hallado vestigios, éstos son de origen metálico como además podemos juzgar por los trazos dejados por los instrumentos en las paredes de las rocas».

Sin embargo, este último reconocerá años más tarde su equivocación y matizará que durante la Prehistoria y el Imperio Antiguo sí se sacaban los minerales del interior de las minas con útiles de piedra, pero a partir del Imperio Medio se hará siempre con instrumentos realizados en metal:

«Los antiguos egipcios utilizaban utensilios de sílex para romper las rocas (...) más tarde, en la XII dinastía será común el uso metálico...»[80].

Tendremos que esperar a 1967 para que el profesor Rothenberg, bajo el auspicio del Museo de Haaretz de Tel Aviv y el profesor Giveon de la Universidad de Tel Aviv, retomasen de nuevo el estudio de esta área. El primero, se centró concretamente en una zona denominada Nabi Saleh, y en ella se hallaron restos que mostraban la existencia de egipcios desde las primeras dinastías. Se trataba principalmente de viviendas construidas en piedra y de aspecto circular. En las que en una de ellas, que estaba compuesta por un grupo de habitáculos comunicados entre sí, se descubrió un horno muy primitivo de unos 30 cms. de profundidad con dos pequeños orificios para las toberas de las pipas de soplar, abundantes restos de escorias, así como fragmentos de crisoles de clara similitud con los descubiertos por sus antecesores, y restos de recipientes cerámicos que fueron los que permitieron datar este yacimiento a partir de las primeras etapas del Imperio Antiguo[81]. Mientras que el segundo, Giveon, estudió el área de Wadi Kariq localizando diversas minas con numerosas galerías que determinaron la presencia de mineral de manganeso, turquesa y cobre, e incluso, a él se le debe el descubrimiento de la ya mencionada inscripción de Sahure, en la que se le designa como el Gran Conquistador de los Asiáticos, aunque por desgracia sus conclusiones nada nos dicen sobre si se encontraron o no herramientas, útiles necesarios para la explotación de metales y minerales o cualquier otro resto de cultura material[82].


[55].- Lalouette, Le "Firmament de cuivre" contribution à l´étude du mot bi3. BIFAO 79, El Cairo, 1979, p. 333-338.

[56].- Cerny, Gardiner y Peet, Inscriptions, p. 28.

[57].- Dinastía V- VI. La inscripción fue localizada en el desierto de Wadi Sena y se encuentra in situ.

[58].- Giveon, Two officials of the Old Kingdom at Magharah (Souther in Sinai). Tel Aviv 10, Jerusalén, 1983, p. 49-51, figs. 1-2.

[59].- Cerny, Gardiner y Peet, Inscriptions, p. 10.

[60].- Cerny, Gardiner y Peet, Inscriptions, p. 13.

[61].- Cerny, Gardiner y Peet, Inscriptions, p. 13.

[62].- Garenne-Marot, Paleórient, 10/1 (1984), p. 97-98. Goyon, Le Tombeau d´Ankhou à Saqqarah. Kêmi XV, París, 1959, p. 13. Lalouette, BIFAO, 79 (1979), p. 338.

[63].- Husson y Valbelle, L'État et les Institutions en Egypte des premiers pharaons aux empereurs romains, París, 1992, p. 62.

[64].- Garenne-Marot, Paléorient, 10/1 (1984), p. 97-99. Petrie, Recherches in Sinaï, Londres, 1906, p. 42, 51.

[65].- Petrie, Recherches, p. 161.

[66].- Hecho que le hizo pensar que únicamente existía este mineral en el Sinaí.

[67].- Forbes, Studies, IX (1972), p. 58, fig. 13. Lucas, Ancient Egyptian materials and industries, Londres, (1ª ed. 1926), 1962, p. 71. Petrie, Recherches, p 162, lám. 161. Tylecote, A History of Metallurgy, Londres, 1976, p. 19.

[68].- Curto, Postille circa la Metallurgia Antico - Egizia. MDIAK 18, Weisbaden, 1962, p. 62. Descubiertos en la Península del Sinaí en 1095.

[69].- Curto, MDIAK, 18 (1962), p. 62. Descubiertos en Deir el Medina en 1930.

[70].- Brunton, Qua and Badari I, Londres, 1927, p. 36 – 37, lám. XLI, nº 25. Curto, MDIAK, 18 (1962), p. 63. Forbes, Studies, IX (1972), p. 52, fig. 9.

[71].- Curto, MDIAK, 18 (1962), p. 64.

[72].- Bietak, Das grab des c Anch - Hor, 2 vols., Wien, 1982, lám. 125, nº 564, 5.

[73].- Davey, Some Ancient Near Eastern pot bellows. Levant, 11, Londres, 1983, p. 101-111.

[74].- Caskey, Excavations in Keos. Hesperia 31, Nueva Jersey, 1962, p. 16-19. Tylecote, History, p. 18, fig. 23.

[75].- Garenne-Marot, Paleórient, 11/1 (1985), p. 91.

[76].- Forbes, Studies, IX (1972), p. 58, fig. 13.

[77].- Debono, ASAE, 46 (1947), p. 277-285.

[78].- Debono, ASAE, 46, (1947), p. 279-283.

[79].- Morgan, L' influence asiatique sur l' Afrique à l' origine de la Civilisation Egyptienne L' Antropologie XXXI, París, 1921, p. 199.

[80].- Morgan, Préhistoire, II (1926), p. 226-227.

[81].- Rothenberg, Biblie et Terre Sainte, 150 (1973), p. 6-10.

[82].- Weinstein, BASOR, 217 (1975) p. 8-10. Gardiner, The Inscriptions of Sinai. Orientalia 24, Roma, 1955, p. 208 - 211. Rothenberg, Biblie et Terre Sainte, 150 (1973), p. 13-15.


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