Explotación minera.
Como hemos visto, hay testimonios de
que ya desde época tinita los soberanos egipcios se adentraron en este
desierto, pero no será hasta la llegada de Esnofru cuando podemos hablar del
primer gran paso hacia la explotación de las riquezas de éste. Diversas
inscripciones fechadas en el reinado del mencionado rey aluden a las minas
explotadas por éste “... minas de
Esnofru…” ,
y ya a finales de la dinastía V, con los soberanos Menkauhor y Dyedkare,
veremos como este tipo de empresas adquieren la categoría verdaderas
Misiones Reales, al introducir la fórmula «la expedición real hecha o mandada por…».
Por otro lado, contamos también con
una serie de inscripciones, localizadas principalmente en las vías de acceso a
las minas, y estudiadas por Cerny en las primeras décadas del siglo pasado, y por
Posener, que hacen clara referencia a una diferenciación laboral entre el
personal enviado a estas áreas. De este último autor, cabe destacar la de dos
oficiales, Selka y Sabau–Abdu ,
que ocuparon el cargo de Comandantes y
Administradores de las tierras extranjeras ,
mientras que del primer investigador, tenemos las de Meri-Re
Comandante ,
Semerjet y Necherjet Encargados o
controladores de los intérpretes,
y Merire Anj Encargado de los escribas ,
e incluso, interesantes son las tan sólo conservan los cargos: Escribas
e intendentes del cobre
y Directores del camino de Horus ,
puesto que han perdido el nombre de la persona a quienes fueron asignados.
A finales del siglo XIX y comienzos
del XX, Petrie,
realizó diversas prospecciones en instalaciones mineras de Wadi Maghara y Serâbit
el-Jadîm. En el primer área, y en el exterior de una mina halló cinco
crisoles de piedra caliza, de tamaño reducido y en forma de cuenco, así como
todo un arsenal de picos muy deteriorados, de forma más o menos arriñonada y
de este mismo material.
En cuanto a Serâbit el-Jadîm, Petrie descubrió restos de algunos habitats
construidos en piedra y en su interior abundantes escorias de turquesa,
fragmentos de crisoles de las mismas características físicas que los de la
zona anterior,
y con claros paralelos con los hallados por Schiaparelli ,
Brúyère ,
Brunton ,
Montet,
o Bietak,
e incluso, con algunos localizados fuera de Egipto como los de Tell edh Dhiba,
Qeos
o Biblo;
varios cinceles de cobre de no más de 15 cm de longitud ,
varias lingoteras de piedra caliza y de forma más menos arriñonada, y
numerosos picos de forma arriñonada, localizados tanto en el interior de las
minas como en sus alrededores, realizados en basalto o piedra caliza, de muy
buena factura, con una ranura para insertar un mango de madera, de 1 a 2 kilos
de peso aproximadamente y de unas medidas muy similares, entre 18 y 20 cm de
longitud y de 5 a 7 cm de ancho. Los estudios de dichos picos demostraron que
eran muy similares a los cinco picos de basalto descubiertos por Maurer hacia
estas mismas fechas en Serâbit el-Jadîm y estudiados posteriormente por Debono,
así como a los localizados en el año 1935 por la Universidad de Harvard bajo
la dirección de Starr y Butin, en la denominada Mina M (XIII) excavada por vez
primera por Cerny y Gardiner.
Por último, Petrie también
descubrió un reducido número de piezas de sílex entre las que cabe destacar
puntas de flecha, percutores y láminas. Basándose en los restos de cerámica
localizada en este amplio espectro fechó todos estos materiales a finales del
Imperio Antiguo, Primer Período Intermedio, y comienzos del Imperio Medio,
aunque no descartó nunca que fuesen utilizados en etapas anteriores. Defendió
la teoría de que los cinceles fueron utilizados por los egipcios, mientras que
los instrumentos líticos estuvieron siempre en manos de los beduinos asiáticos,
quienes los usaban para extraer el mineral en los intervalos de tiempo en que
los egipcios abandonaban las minas, queriendo decir con ello que los beduínos
llegaron a explotar las minas por su propia cuenta y riesgo al margen de los
egipcios, suposición no demostrada hasta el momento, pero tampoco descartada;
e incluso, creyó que los materiales de piedra servían más para moler el
mineral, una vez había sido extraído de las minas, que para extraerlo de éstas,
y al igual que Morgan
llegó a la conclusión que los trabajos efectuados dentro de las minas se hacían
con utillaje metálico:
«Es
falso que se utilicen instrumentos de sílex, picos, martillos etc., para
practicar excavaciones en las rocas de las minas de cobre y turquesa, pues las
tallas de sílex son muy raras en Serâbit
el-Jadîm y Wadi Maghara y en todos
los trabajos mineros en donde se han hallado vestigios, éstos son de origen metálico
como además podemos juzgar por los trazos dejados por los instrumentos en las
paredes de las rocas».
Sin embargo, este último reconocerá
años más tarde su equivocación y matizará que durante la Prehistoria y el
Imperio Antiguo sí se sacaban los minerales del interior de las minas con útiles
de piedra, pero a partir del Imperio Medio se hará siempre con instrumentos
realizados en metal:
«Los
antiguos egipcios utilizaban utensilios de sílex para romper las rocas (...) más
tarde, en la XII dinastía será común el uso metálico...».
Tendremos que esperar a 1967 para
que el profesor Rothenberg, bajo el auspicio del Museo de Haaretz de Tel Aviv y
el profesor Giveon de la Universidad de Tel Aviv, retomasen de nuevo el estudio
de esta área. El primero, se centró concretamente en una zona denominada Nabi
Saleh, y en ella se hallaron restos que mostraban la existencia de egipcios
desde las primeras dinastías. Se trataba principalmente de viviendas
construidas en piedra y de aspecto circular. En las que en una de ellas, que
estaba compuesta por un grupo de habitáculos comunicados entre sí, se descubrió
un horno muy primitivo de unos 30 cms. de profundidad con dos pequeños
orificios para las toberas de las pipas de soplar, abundantes restos de
escorias, así como fragmentos de crisoles de clara similitud con los
descubiertos por sus antecesores, y restos de recipientes cerámicos que fueron
los que permitieron datar este yacimiento a partir de las primeras etapas del
Imperio Antiguo.
Mientras que el segundo, Giveon, estudió el área de Wadi Kariq localizando
diversas minas con numerosas galerías que determinaron la presencia de mineral
de manganeso, turquesa y cobre, e incluso, a él se le debe el descubrimiento de
la ya mencionada inscripción de Sahure, en la que se le designa como el
Gran Conquistador de los Asiáticos, aunque por desgracia sus conclusiones
nada nos dicen sobre si se encontraron o no herramientas, útiles necesarios
para la explotación de metales y minerales o cualquier otro resto de cultura
material.
.-
Lalouette, Le "Firmament de cuivre" contribution à l´étude
du mot bi3. BIFAO
79, El Cairo, 1979, p. 333-338.
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Cerny, Gardiner y Peet, Inscriptions, p.
28.
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Dinastía V- VI. La inscripción fue localizada en el desierto de Wadi Sena y
se encuentra in situ.
.-
Giveon, Two officials of the Old Kingdom at Magharah (Souther in Sinai). Tel
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1-2.
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Cerny, Gardiner y Peet, Inscriptions, p.
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Cerny, Gardiner y Peet, Inscriptions, p.
13.
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Cerny, Gardiner y Peet, Inscriptions, p.
13.
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13. Lalouette, BIFAO, 79 (1979), p.
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Husson y Valbelle, L'État
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1992, p. 62.
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Garenne-Marot, Paléorient, 10/1
(1984), p. 97-99. Petrie, Recherches in
Sinaï, Londres, 1906, p. 42, 51.
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Petrie, Recherches, p. 161.
.-
Hecho que le hizo pensar que únicamente existía este mineral en el Sinaí.
.-
Forbes, Studies, IX (1972), p. 58,
fig. 13. Lucas, Ancient Egyptian
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p 162, lám. 161. Tylecote, A History
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Curto, MDIAK, 18
(1962), p.
62. Descubiertos en Deir el Medina en 1930.
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Brunton, Qua
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1927, p. 36 – 37, lám. XLI,
nº 25. Curto, MDIAK, 18 (1962), p.
63. Forbes, Studies, IX (1972), p.
52, fig. 9.
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Curto, MDIAK, 18 (1962), p. 64.
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Garenne-Marot, Paleórient, 11/1
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Forbes, Studies, IX (1972), p. 58,
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Debono, ASAE, 46, (1947), p.
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Morgan, L' influence asiatique sur l' Afrique à l' origine de la Civilisation
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París, 1921, p. 199.
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Rothenberg, Biblie et Terre Sainte, 150
(1973), p. 6-10.
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8-10. Gardiner, The Inscriptions of Sinai. Orientalia
24, Roma, 1955, p. 208 - 211.
Rothenberg, Biblie et Terre Sainte, 150
(1973), p. 13-15.
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