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«EGIPTOLOGÍA CIENTÍFICA Y DIVULGATIVA»

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Propuesta para la reidentificación de algunas pieles de uso sacerdotal en el antiguo Egipto1

 

Por Elisa Castel Ronda



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Es muy frecuente encontrar en libros y artículos sobre el Antiguo Egipto diversos tipos de pieles en atuendos sacerdotales como pertenecientes a la pantera (2). En este estudio preliminar vamos a analizar dicha identificación, intentar clarificarla y proponer una nueva terminología.

Comenzaremos por ubicar taxonómicamente estos animales, cuando éstos vivan en África. La familia de los Felinae o Félidos (3), pertenecientes al orden de los carnívoros, se agrupa en tres géneros o subfamilias: Felis o Felinae (gatos), Acinonyx o Acinonychinae (guepardos) y Panthera o Pantherinae (leones y leopardos)

Como vemos, dentro del primer género (Felinae) se incluyen los que comúnmente conocemos por gatos, es decir, aquellos felinos de menor tamaño. Limitándonos al continente africano (4), citaremos al gato doméstico (Felis catus), al gato del Sáhara (Felis margarita), al gato de los pantanos (Felis chaus), y dentro de otros subgéneros al gato salvaje africano (Felis (silvestris) libyca), al gato pies negros (Felis (Microfelis) nigripes), al Serval (Felis (Leptailurus) serval), al gato dorado (Felis (Profelis) aurata) y al Caracal o Lince africano (Felis (Lynx) caracal).

El segundo género (Pantherinae) consta de animales de mayor alzada, tales como el león (Panthera leo) y el leopardo (Panthera pardus); ambos habitan en África, entre otros lugares (5).

Finalmente el tercer género (Acinonychinae) contiene a un animal muy específico, el guepardo, que se encuentra en el continente africano desde tiempos antiguos.

Relacionar al primer género (Felidae) como animal carnívoro del que se utilizaban las pieles para vestido, carece de sentido, ya que la altura en la cruz (6) de estos animales es demasiado pequeña (de los 25 centímetros del Gato del Sáhara o de el Gato pies negros o a los 56 centímetros del Serval). En cuanto a la segunda subfamilia (Pantherinae) el asunto es más sencillo. Como hemos visto, sólo tenemos dos animales: el leopardo y el león. La identificación con ambos sería posible debido a su tamaño. El león tiene una altura en la cruz de 1 metro y el leopardo de 0,70 centímetros. Precisamente, parece ser éste último, el que los autores relacionan con las pinturas y relieves que se extienden a lo largo del Valle del Nilo. Tanto el tamaño como algunas características de este mamífero carnívoro (manchas en la piel) pueden relacionarse con los atuendos sacerdotales. Sin embargo, en el presente trabajo queremos plantear la hipótesis de que el leopardo no haya sido el único animal cuya piel se empleó, sino que posiblemente muchas pieles de uso sacerdotal sean de la tercera familia (Acinonychinae) y, por tanto, del guepardo u onza africana (Acinonyx jubatus).
 

Diferencias entre leopargo y guepardo

Aparte de no pertenecer a la misma familia, existen diferencias sustanciales entre uno y otro animal. Hemos visto que la talla es una de ellas. Otras características que varían entre el uno y el otro son las siguientes: 

CARACTERÍSTICAS FÍSICAS

LEOPARDOS

GUEPARDOS

Manchas de la piel dispuestas en forma de rosetón, desorganizadas y de tamaño variable. En la parte inferior de las patas, en la cabeza y en el abdomen las manchas son más parecidas a las del guepardo.  Manchas de la piel más uniformes y organizadas, en forma de puntos. Más oscuras que las del leopardo, están distribuidas por igual en todo el cuerpo.
Uñas totalmente retráctiles y en forma de gancho. Uñas algo romas y parcialmente retráctiles; esto les sirve para sujetarse más firmemente al suelo cuando cazan a la carrera. Pueden alcanzar una velocidad de 90 a 120 km. por hora durante un corto recorrido (de 200 a 400 metros aproximadamente).
Cabeza y cuello poderosos, mandíbulas más fuertes que el guepardo. Bigotes largos. Cabeza menor y redondeada que el leopardo. Bigotes cortos.
No tienen mancha alguna bajo el ojo. Tienen una mancha característica en forma de lagrima bajo el ojo; debido a sus costumbres de caza diurna, ésta le sirve de protección contra el sol (7).
Manchas a lo largo de toda su cola más larga, manchada y uniforme que la del guepardo.   Cola larga y moteada; en su parte final, estas manchas se unen formando bandas o anillos, siendo más gruesa y tupida en su extremo.
Patas más robustas y más cortas que el guepardo. Adaptadas al salto con una gran potencia muscular.  Patas altas y delgadas, con poca potencia muscular, pero desarrolladas para la carrera.
Es de constitución más fuerte que el guepardo y tienen de 50 a 82 Kg., de peso Tienen un peso de 45 a 65 kg.
Cuerpo considerablemente menos esbelto que el guepardo. Cuerpo esbelto.
Pelo denso y suave, más bien corto, marcado por numerosas manchas, en forma de rosetas, desiguales, sobre un fondo amarillo apagado o pardo amarillento atezado. Pelaje más bien áspero y más largo en la nuca. Tiene las manchas del pelo en forma de puntos, iguales, sobre un fondo que va desde el pardo amarillento hasta el amarillo apagado, más claro, casi blanco en la boca.
Manchas en todo el cuerpo excepto en el pecho donde tiene bandas interrumpidas. Manchas en todo el cuerpo.
Orejas más largas que el guepardo. Dorso de las orejas de color negro con una conspicua mancha de color blanco. Orejas más cortas que el leopardo.
Nariz de color rosado. Nariz de color negro.
Manchas de las partes inferiores e internas de las patas con menor densidad, sobre fondo casi blanco. Manchas de las partes inferiores e internas de las patas con mayor densidad.

Aunque las características de conducta no son relevantes para las representaciones iconográficas, vamos a recogerlas por una posible relación entre la personalidad, los hábitos del animal y el uso sacerdotal de su piel. A través del estudio de pueblos negroafricanos, que aún hoy en día se encuentran en un estado primitivo, se cree que el uso de las pieles de algunos de los grandes felinos moteados contagia a su portador una serie de cualidades inherentes al animal, es decir, fuerza, rapidez, belleza, gracia o astucia. Vamos a comparar ahora estas características en la siguiente tabla.

CARACTERÍSTICAS DE CONDUCTA

LEOPARDOS

GUEPARDOS

Rugen. No pueden rugir emiten un sonido similar al de los gatos cuando se muestran agresivos.
Cazan al acecho. Cazan a la carrera.
Son cazadores nocturnos. Generalmente son cazadores diurnos con una visión nocturna bastante pobre.
No son fácilmente domesticables por su carácter feroz. Se alimentan de cualquier animal que cacen o de carroña, ya que no son selectivos con el tipo de comida. Fácilmente domesticables, no son de condición feroz. Parece que fueron domesticados desde la Antigüedad. Con mucha probabilidad se empleó y se sigue utilizando en la actualidad, para la caza de la gacela, único animal del que se alimenta. Es selectivo con la comida.
Son solitarios, viven en lugares oscuros. Viven en pareja o en grupo.
Prefieren cazar en densas selvas, hasta las zonas secas y abiertas. Cazan incluso en el borde del Sáhara, así como las grandes altitudes de las montañas del este de África. Abundan en zonas de matorral espeso con alrededores rocosos. También se encuentran en el norte de África y en Asia. 

Suben a los árboles, donde a menudo devoran las piezas cazadas.

Prefieren cazar en llanuras abiertas. Por la forma roma de sus uñas, no suelen subir a los árboles porque son bastante torpes en ellos y devoran a sus piezas en el suelo. 

Pieles con poder mágico

El empleo de las pieles como elemento que transfiere poder está bien documentado en todas las culturas y sobre todo en África, desde la Antigüedad hasta hoy en día (8). La piel de forma mágica aportaba a la persona que la llevaba una protección especial pero, además, en muchas culturas, podía favorecer el estado de trance. Esto encajaría perfectamente en Egipto, sobre todo con el sacerdote Sem, ya que una de sus labores era partir en estado de trance (9), a la muerte del difunto, para buscar la "fuerza vital", el "alma" del fallecido y hacerla retornar, así el fallecido podría participar de los ritos que se celebraban en los funerales.

Otro sacerdote que emplea la piel de felino como atuendo sacerdotal es el Iunmutef ("el pilar de su madre"). Él representaba al heredero, al primogénito, que tomaba la forma del pequeño Horus en las ceremonias funerarias y, por su condición de joven heredero, también se adornaba con una coleta lateral. La piel con la que se cubre suele emplearse de otro modo, ya que el sacerdote Sem utiliza la piel del felino a modo de capa y el Iunmutef a guisa de vestido. Parece que en los relieves y pinturas, éste emplea con más frecuencia las pieles con características de guepardo.

El Lexikon der Ägyptologie (10) de nuevo nos da pistas para la interpretación de la pantera (pienso que se refiere al leopardo) en la mitología egipcia. En este texto se divide como: 1.- Animal solar, 2.- Pantera voladora (forma mixta de la deidad celeste y el dios sol), 3.- Protectora de la vida del rey, 4.- Madre del Cielo (en contextos funerarios), 5.- Madre asesina (relacionada con las penas de muerte) y finalmente concluye que este animal debió ser en origen una diosa celeste universal. Quizá una forma de enfatizar la rapidez del guepardo fuera dotándole de unas alas que, además, tenían conexión con el cielo.

En la iconografía egipcia

Desde el Reino Antiguo (11) hasta el Período Ptolemaico, guepardos y leopardos fueron representados con toda claridad y su presencia en relieves y pinturas es constante. Sin ir más lejos, algunos sarcófagos de la Dinastía IV tienen sobre sus tapas grabada la piel de un felino (12). Éstos se encuentran actualmente en el Museo de El Cairo y están registrados en el Catálogo General con los números 6170 y 6.007. El primero es anónimo y el segundo pertenece a un personaje llamado aIry-n-wr. Por otro lado, otros lugares, donde también podemos distinguir a leopardos y guepardos son en las tumbas, tal es el caso,por ejemplo, de la tumba de Herjuf en Assuan.

Como veremos más adelante, durante el Reino Nuevo (13), las procesiones en las que los pueblos nubios hacen entrega al monarca de sus "regalos" incluyen con mucha frecuencia ambos animales y los sacerdotes que utilizan esta vestimenta son frecuentes en contextos funerarios. Por otro lado, está sobradamente demostrado que los guepardos también se emplearon como ayuda para la "policía", y asistentes en la caza (14). Fueron domesticados y pudieron tenerse en cautividad (15) e incluso, pudieron tenerse como animales de compañía.

Por otro lado, parece que la piel de león (que también pertenece al género de las Pantheras) fuera empleada con fines (16) similares. No hemos de olvidar que algunas representaciones del Reino Antiguo se parecen sospechosamente a este animal, que el dios Bes utiliza esta piel como parte de su indumentaria (17) y que algunas divinidades como Aker (18), Shu y Tefnut, Sejmet, etc., presentan el aspecto de un león o una leona.

En otro orden, tenemos también algunos ejemplos donde el leopardo se encuentra como atuendo sacerdotal de determinadas divinidades. Así la diosa de la escritura Seshat aparece representada con la piel de este felino cubriéndole su propio traje (19).

Es realmente curioso que los egipcios supieran diferenciar muy claramente al guepardo y al leopardo en los relieves y pinturas donde se refleja al animal vivo, mientras que, cuando la piel de uno o de otro, se emplea como atuendo sacerdotal existe cierta confusión. Unas veces podemos distinguir sin lugar a dudas la piel de un guepardo, otras las de un leopardo y finalmente un tercer grupo amalgama características de los dos (sean macho o hembra) y sólo en algunos casos podemos reconocer la totalidad de ellos (20). El asunto se complica aun más cuando de forma voluntaria, se amalgaman distintas características, creando un animal fantástico, del tipo a los que se encuentran, por ejemplo en la paleta del rey Narmer.

Así, por ejemplo, en el papiro de Hunnefer de la Dinastía XIX que se encuentra en el Museo Británico (nº 10016) se aprecia claramente que el animal representado tiene casi todas las características de un guepardo. Las manchas de la piel son iguales, oscuras y en forma de puntos (no rosetones, como el leopardo), dispuestas simétricamente, la cabeza del felino es pequeña (como la del guepardo) las manchas de los ojos en forma de lágrima, la cola finaliza con el dibujo de unos anillos, sobre un fondo casi blanco, además de tener una especie de penacho terminal, como ocurre con el guepardo. Además, aparece una línea oscura, típica del guepardo sobre el lomo. Se distingue con facilidad el color blanco del tórax y el abdomen (características del leopardo) y observamos que las uñas de las patas parecen ser retráctiles, como las del leopardo. Por otro lado, en el papiro de Ani (21), datado en la Dinastía XIX, encontramos una viñeta en la que él y su mujer aparecen en la misma actitud tanto en el registro superior como en el inferior (22). Ella lleva un sistro en las manos y él levanta las manos como muestra de adoración. Ante ambos cuatro columnas de escritura jeroglífica y un sacerdote, ataviado con una piel de felino moteada, en cada escena. Los dos miembros del clero parecen iguales, pero el del registro superior lleva la piel del felino adornada con puntos ordenados, cola rayada al comienzo con un penacho al final y las garras presentan uñas no retráctiles. En la piel que viste el oficiante del registro superior observamos que, aunque mantiene el orden y la forma de los puntos, tiene las garras totalmente retráctiles, la cola no es rayada y la parte final de la misma (menor que en el registro superior) no parece un penacho, aunque es fácil de confundir. En el mismo papiro encontramos a sacerdotes Sem con las características pieles de leopardo que no presentan confusión en cuanto a la disposición de las manchas en forma de rosetón (23).

Otro lugar donde se distingue bien al guepardo es en la tumba de Ramsés IX, concretamente justo a la entrada de la antecámara, encontramos dos representaciones, a derecha e izquierda de la puerta, donde el sacerdote Iunmutef hace libaciones vestido con una piel cuyas manchas son claramente puntos oscuros y no rosetones. Además, las garras presentan uñas no retráctiles.

En la tumba de Amenemhat (TT44) ocurre lo mismo; en el muro norte de la primera sala encontramos a un sacerdote ataviado con una piel que presenta puntos oscuros, dispuestos ordenadamente. Éste lleva la piel sobre un traje blanco de corte típicamente ramésida y tiene rasurado el cabello. Otro caso semejante es el de Amenemopet, un sacerdote de Amón de la Dinastía XXII. En el interior de su sarcófago, hoy alojado en el Museo Británico (EA 22941) aparece con una piel que podría corresponder a la de un guepardo. Aunque la cabeza del animal no se aprecia, las manchas son en forma de puntos, oscuras, las uñas de las garras no son retráctiles y la cola del animal es muy larga con un ligero penacho hacia el final.

Justo al revés ocurre en la tumba de Tutanjamon, en la capilla de Maia (hoy en el Museo de Turín) o en la tumba de Sennedyem (TT1) en la necrópolis de Deir el-Medinah. En estos casos, las manchas son claramente rosetones (de leopardo) y las cabezas parecen ser mayores. Las líneas debajo de los ojos no parecen ser las que tienen forma de lágrima sino unos trazos para dar aspecto y perspectiva al felino. Excepto estos detalles, prácticamente el resto de las características del guepardo se mantienen ya que en todos los ejemplos pueden observarse garras no retráctiles.

Un claro ejemplo de una piel de leopardo bien dibujada, con rosetones irregulares y asimétricos lo constituye la estela de Nefertiabet (E22745), hoy alojada en el Museo del Louvre, donde la difunta lleva esta indumentaria a modo de traje. Lo mismo ocurre con el sacerdote Sem de la tumba de Sennefer en la necrópolis tebana (TT96), en la escena en la que él purifica al fallecido y a su esposa Meryt con agua. Esta escena no sólo reproduce los rosetones de la piel de leopardo a la perfección sino que, además, las uñas de las garras son retráctiles, por lo que no aparecen dibujadas en la pintura.

Unas pequeñas cabezas de felino doradas (24) que aparecieron en la tumba del célebre Tutanjamon y que pertenecían a parte del atuendo sacerdotal, son reveladoras. La expuesta con el número 914 muestra claramente la lágrima del guepardo, mientras que la 746 tiene simplemente las líneas que marcan la expresión del felino. Sin embargo, en la misma tumba podemos observar claramente unas pequeñas figuras de madera dorada (25), donde el felino es claramente un leopardo.

Finalmente, ha de hacerse constar que la aparición de estos motivos también se encuentra, en cierto modo, aun cuando el personaje no lleve la piel como atuendo, es decir, cuando se adorna únicamente con la cabeza del animal (en este caso parece ser un leopardo) aparece con frecuencia en los cinturones de los monarcas del Reino Nuevo (26).

Otro elemento muy antiguo (27) de la iconografía egipcia es el fetiche Imiut. Consiste en una piel colgada de un palo vertical y sujeto en la base en una especie de mortero. Citar este elemento es problemático, porque las distintas escuelas no aciertan a ponerse de acuerdo respecto a si la piel que cuelga del palo es de leopardo o de un toro, en cualquier caso suele asociarse al dios Anti (28) y más tarde a Anubis. No obstante, parece que tras finalizar la Dinastía XVIII las representaciones se parecen más a las del felino.

El guepardo en Egipto

A través de los textos (29), sabemos sobradamente que el guepardo no existía en Egipto, y que éste se cazaba más al sur de la segunda catarata o era importado de Nubia (30), donde los cazadores se encargaban de aprovisionar a la corona y a los sacerdotes. Sin embargo, dado su alto valor simbólico, el uso de estas pieles parece que estuvo regulado y que se empleó exclusivamente para una parte muy bien definida del cuerpo sacerdotal; por ello la caza de los mismos nunca fue masiva y la especie no se vio amenazada.

Eduard Naville (31) al relatarnos el contenido de la zona sur de la segunda terraza, del templo de la reina Hatshepsut en Deir el-Bahari, donde aparece la expedición al país de Punt, nos menciona la presencia, en los relieves, de dos tipos de panteras: la del sur (32) y la del norte detallando que la segunda es menor en tamaño. Claramente tendríamos la representación de un leopardo, en el primer caso y de un guepardo en el segundo. Es más, en la lámina LXXX nos dibuja claramente a dos guepardos y a un leopardo, mientras que en la LXXVI aparece un leopardo. Otros relieves no dejan lugar a dudas y, por ejemplo, en el fragmento de muro de la tumba-capilla de Sobekhotep (33), que hoy se encuentra en el Museo Británico, se aprecia muy claramente como un nubio traslada a Egipto la piel de un el leopardo entre otros productos exóticos.

El leopardo/pantera/guepardo en los textos

Existe una cierta problemática a la hora de identificar al leopardo en los textos jeroglíficos. Si acudimos a elementos de ayuda, tales como la Egyptian Grammar (34), el Wörterbuch der ägyptischen Sprache (35), el Année Lexicographique (36) o el Concise Dictionary of Middle Egyptian (37) encontramos que el término que los egipcios emplearon para designar a las panteras/leopardos/guepardos presenta confusión, pero parece que esta confusión no parte de los antiguos egipcios sino que corresponde a las traducciones modernas. A menudo se cita al género panthera como un animal específico y lo más que se hace para su identificación, es localizarlo en un punto geográfico. Así, a modo de resumen podría decirse que Aby y bA se ha traducido como pantera (relacionándolo con un animal concreto y no con un género). Es muy posible que los mismos egipcios emplearan estas palabras para designar a este género de mamíferos carnívoros, como hoy hacemos cuando hablamos de "panteras" (queriendo referirnos generalmente a los leopardos).

En segundo lugar encontramos que bA, Aby Sma y bA Sma también se ha traducido como leopardo (38), con la puntualización de que el último nombre (bA Sma) sitúa al animal en un punto geográfico (el sur) llamándole pantera (entendemos que una vez más está presente la confusión entre género y estpecie), es decir, se incluye a la pantera dentro del género de Felidae, pero ubicándolo en un lugar concreto como método de identificación. Para el guepardo tendríamos las palabras Aby mH (39) y bA mH (40) que significa, por el mismo sistema, pantera del norte. Es decir, los egipcios añadían a la palabra que pudo designar "pantera" una más que establecía su localización y, por tanto, determinaba claramente el animal del que estaban hablando.

Es relativamente frecuente encontrar textos en los que el rey se identifica con el leopardo para adquirir y demostrar parte de sus feroces poderes. Así, en la Dinastía XVIII encontramos que al monarca se le denomina el "que aparece como un leopardo" (41). Esta afirmación se hace en referencia a su indignación con pueblos extranjeros (libios, nubios...) y se ha interpretado como una declaración de guerra. Por ello, parece que el leopardo tuvo un valor mayor que el guepardo. El leopardo ruge, pero el guepardo no puede hacerlo. Con esto no podemos presuponer que el segundo no fuera empleado también con los mismos fines litúrgicos ya que su piel tiene unas características parecidas a las del leopardo.

Los egipcios emplearon la misma palabra para designar algunos felinos que presentan manchas moteando su piel. Esto no significa que no supieran las diferencias entre uno y otro, sino que aunque está sobradamente demostrado que eran unos perfectos anatomistas, en este caso, lo realmente importante parece ser el moteado de la piel y no la especie en sí misma.

Leopardo/pantera/guepardo según B. Porter y R.L.B. Moss

Una obra tan prestigiosa como Topographical Bibliography of Ancient Egyptian Hieroglyphic Texts, Reliefs and Paintings (42), tampoco llega a un acuerdo al nombrar a los felinos que aquí tratamos. En el tomo I, parte I, existe la entrada para guepardo y leopardo, pero no aparece la pantera. En el resto de los tomos (cuando existe la entrada por escenas seleccionadas), es a la inversa ya que encontramos únicamente a la pantera y al leopardo e, incluso en un mismo lugar, aparecen como si fueran animales distintos.

Comencemos desde el principio: en el ya citado tomo I, parte II (Theban Necropolis, Private Tombs) se pueden encontrar guepardos en las TT 63, 84, 89 y 100 en todos ellos los animales son tributos de Nubia y las tumbas pertenecen a los reinados de Thutmosis III, Thutmosis IV y Amenhotep III. En cuanto al leopardo lo hallamos en las TT 91, 100, 276 y 396, su procedencia suele ser de Nubia pero también está en escenas de caza (TT 276) o descansando adornado con un collar en el cuello (TT 396). Los enterramientos están datados en los mismos reinados que se han citado anteriormente. La parte segunda de este mismo tomo no tiene apéndice de escenas seleccionadas, al igual que en los tomos IV, V, VI y VII.

En el tomo II (Theban Temples) tenemos entradas para leopardos y panteras, pero no existe la de guepardos. Ambas se localizan en el gran templo de Deir el-Bahari de la reina Hatshepsut y da la sensación que se refieren a animales distintos.

En el tomo III (Memphis, part I) no hay entrada para leopardo, pantera o guepardo, aunque existe el apéndice en cuestión. Sin embargo, en el mismo tomo (part II) se nombra al leopardo en la mastaba de Ptahotep Thefi (de tiempos de Isesi a Unas) y a una pantera en una pieza de la colección privada Borowski, de procedencia desconocida.

Los grandes felinos en África

Desde que se produjo la desertización del Sáhara la población neolítica y los animales que habitaban en esta zona tuvieron que trasladarse paulatinamente a terrenos fértiles donde poder subsistir e incluso establecerse. Así la franja cultivable que bordea ambas riberas del río Nilo se pobló con un contingente humano y animal procedente de diversos lugares, en el norte principalmente por lo que más tarde conocemos por camito-semitas y en el sur por individuos de raza negroide.

Está sobradamente documentada la existencia de expediciones al sur en busca de marfil, de objetos o animales "exóticos" (entre ellos el guepardo, la jirafa, etc.) o el producto de ciertos árboles de donde se extraían sustancias aromáticas de uso ritual; estas expediciones se registran desde el Reino Antiguo y se extienden a lo largo de toda la civilización faraónica.

Una comunicación personal del Dr. Josep Cervelló Autuori, puede servir para arrojar alguna luz sobre la posible explicación del término "pantera del norte" para un animal que habitaba en el sur de Egipto:

"El nombre con que se designa al animal en época dinástica puede no tener nada que ver con la realidad geográfica de esta época (Época Dinástica): es perfectamente posible, o aun muy probable, que el nombre se forjara en un momento del Predinástico en que las "relaciones" geográficas fueran, para los hablantes del egipcio, muy diferentes a las dinásticas. Entonces el problema no se resuelve, pero se desplaza. Ya no se trata de extrañarnos por el hecho de que se llame "del norte" a un animal que viene del sur (porque ese norte y ese sur no son dinásticos), sino de ver qué puede significar "norte": no hay que desechar la posibilidad de que la raíz original haya sido otra, homófona o no, y que, por ejemplo por etimología popular, haya derivado en la expresión que conocemos. Y aquí me temo que el problema se hace irresoluble. Si lo tratamos en términos positivistas, podríamos pensar en una población de panteras situada realmente en algún norte respecto a la población "hablante" (¿la del Alto Egipto, unificadora de las Dos Tierras?). Esto pudo ser perfectamente posible en la primera mitad del Holoceno. Si lo tratamos en términos simbólicos (y yo me decantaría por ahí) entonces habría que ahondar en la esencia etimológica y en el valor simbólico de la raíz mH (¿y de posibles raíces total o parcialmente homófonas?)"

El leopardo y las estrellas

El origen de la utilización de la piel "moteada", bien de guepardo o de leopardo es muy antiguo, quizá se remonte a la Prehistoria y tenga relación con cultos africanos afincados en el Valle del Nilo. Las pieles moteadas de felino (guepardo o leopardo) aparecen siempre en relación con usos mágico-sacerdotales y personalmente no conozco ninguna representación donde se encuentren desempeñando otra función, siempre refiriéndose su uso como vestido o capa. Por tanto, como ya citamos, el empleo de estas pieles parece que estaba regulado.

Aunque la piel moteada se ha puesto en relación con una divinidad remota y poderosa, llamada Mafdet (43), el animal que representa a esta diosa, no ha podido ser determinado con precisión y los autores difieren en su identificación. Unos lo relacionan con un felino (quizá el leopardo (44)) mientras que otros creen que representa una mangosta (45).

Por otro lado, en opinión de Westendorf (46), el cielo se representó, según una teología local, en forma de una gran gata (posiblemente un leopardo hembra) que se comía el sol al llegar la noche y lo daba a luz en la mañana (como la diosa Nut). Su vientre estaba plagado de estrellas (las manchas de la piel) y sus patas eran los pilares que sujetaban el cielo.

Por tanto, efectivamente, la relación entre el leopardo y las estrellas puede haber nacido de la identificación entre las manchas de este animal y su parecido con las estrellas que se extienden en el firmamento. Los sacerdotes de Heliópolis se vestían con la piel de este felino, adornada con estrellas. Tenemos numerosos casos donde claramente éstas se aprecian: por ejemplo, en el Museo Egipcio de Turín encontramos una hermosísima estatua que perteneció a Aanen (nº 1377); en la necrópolis tebana y en concreto en la tumba de Userhat (TT51) (un sacerdote del culto funerario de Thutmosis I bajo el reinado de Sethy I) podemos observar una imagen bellísima compuesta por tres sacerdotes ataviados con sendas pieles. En este caso, las manchas del felino están efectivamente pintadas, pero también se han dibujado sobre ellas unos rosetones que incluyen estrellas de cinco puntas y el nombre del soberano Sethy I, incluido en un cartucho, cerca de uno de sus hombros.

En el Museo del Louvre existe otro grupo escultórico donde se encuentran el dios Amón y el rey Tutanjamon ataviado con esta piel estrellada (nº E11609) y en época posterior podemos encontrar a Montuemhat vestido del mismo modo (47). Finalmente, citaremos las pieles halladas en la tumba de Tutanjamon (numeradas por Carter 21t, 44q y 46ff). Dos de ellas simplemente imitaban la piel del felino y la primera estaba confeccionada de lino con un dibujo que simulaba las manchas de la piel del animal; la segunda tenía, además, estrellas de cinco puntas de oro y unas garras de plata y la tercera (de piel de felino) presentaba incrustaciones de oro. Todos ellos son algunos ejemplos de este tipo.

Dando una vuelta más a este simbolismo, también existió una tradición tardía en la que Seth (asesino de Osiris) después de matar a su hermano, se convirtió en una gran "pantera". Como castigo, cuando le encontraron le arrancaron la piel y ésta fue marcada al rojo. Así se crearon las manchas características del leopardo/guepardo y se ordenó a los sacerdotes funerarios que en adelante vistieran esta piel para rememorar el triunfo contra las fuerzas del mal, personificadas por Seth (48). El texto dice lo siguiente:

"...Pero Seth los (a Horus y Thot) evitó y se transformó en una pantera en este nomo. Anubis, sin embargo, se apoderó de él y Thot leyó contra él sus fórmulas mágicas de nuevo. Así cayó él (Seth) a tierra delante de ellos; Anubis lo ató por brazos y piernas y él (Seth) gue consumido en la llama de la cabeza a los pies, en todo su cuerpo, al este de la sala augusta. Cuando alcanzó el cielo el olor de su grasa, se extendió por este magnífico lugar y Ra y los dioses tuvieron este olor por agradable. Después Anubis cortó la piel de Seth, le arrancó su piel y se puso la piel sobre él (Anubis). Tras lo cual, entró en la wabet de Osiris para hacer libaciones a su padre diciendo: "Seth está ahí". Y el sacerdote web de este dios ha sido denominado "Setem" a causa de ello. Y él (Anubis) imprimió en él (Seth) su marca al fuego rojo, que quedó hasta el día de hoy. Hay una piel de pantera sobre el sacerdote Setem, por causa de ello hasta el día de hoy" (49).

Observamos que, como es tradicional en Egipto, el leopardo o el guepardo aparecen en dos formas distintas que representan hechos antagonistas, el bien y el mal (el cielo y el asesino de Osiris) pero en este último caso, se juega con un doble significado al dotar al sacerdote de una piel que le confiere el poder del bien sobre el mal.

Los ojos de los leopardos/guepardos.

Digna de tener en cuenta es la curiosa forma con la que los egipcios dibujaron los ojos de estos felinos. En el caso del guepardo, la lágrima es típica de su aspecto original, pero en el caso del leopardo resulta extraño encontrar esta característica.

En algunos casos, como por ejemplo la tumba de Sennedyem (TT1) situada en la necrópolis tebana (al oeste del muro sur de la cámara del sarcófago), encontramos al sacerdote Sem oficiando ante el propietario del enterramiento y su esposa Iyneferti. La cabeza del leopardo se aprecia muy claramente, así como la zona blanca de su vientre. La marca que se dibuja desde el ojo a la boca, podría interpretarse como una forma de perspectiva, pero en este caso el asunto parece claro ya que ésta ya existe y ambas marcas están claramente diseñadas sobre la cara del animal. Es inevitable hacer un paralelo entre la forma que adquieren estos ojos y el aspecto del ojo Udyat ¿sería posible establecer su relación con el cielo o simplemente es una casualidad?. Lo que parece claro, es que se debería proceder a hacer una revisión de todos estos planteamientos y que éste no es el único caso de la presencia del ojo Udyat, en algunas divinidades. Es relativamente frecuente que las diosas con aspecto de vaca se representen, en contextos funerarios, con este ojo, en lugar de con el típico con el que aparecen en otras ocasiones. Así, por ejemplo, podemos citar un aspecto particular de la diosa Hathor, Mehet-Ueret (50), personificación del océano primordial, que en el papiro de Ani (Museo Británico 10470) sale de la montaña del oeste para asistir al difunto (51). Otros lugares donde ocurre lo mismo son en la primera capilla de Tutanjamón (52) y en la Tumba de Sethy I (53) en el Valle de los Reyes

Propuesta y preguntas sin resolver

Las tendencias a identificar algunas representaciones egipcias como pieles de guepardo y no exclusivamente de leopardo (género Panthera) se extienden más allá de nuestras fronteras. Una reciente comunicación personal del Dr. Gerald E. Kadis (54), profesor de Historia y Estudios del Oriente Próximo en la Universidad de Binghamton me ha revelado que esta tesis, también está siendo estudiada por el mencionado profesor que, en el mes de noviembre del año en curso, la expuso someramente en una conferencia del SSEA en los Estados Unidos de América.

Por lo expuesto hasta ahora cabría replantearnos la denominación que debemos darle, en muchos casos, a las pieles moteadas que se representan en relieves, pintura y estatuaria. Definitivamente, en muchos casos, no es correcto emplear el término pantera ya que como hemos explicado el guepardo no es una pantera y a veces claramente la mencionada piel muestra los detalles suficientes como para centrarla en el género y especie Acinonyx jubatus. Por otro lado, se puede afirmar que algunas pieles son realmente de leopardo, que otras son de guepardo y que un tercer grupo reúne las características de los dos animales pero, además, existe un cuarto grupo donde se fusionan los tres mencionados junto a atributos de otros animales (no necesariamente felinos) creando criaturas fantásticas.

Sin embargo, deberíamos plantearnos algunas cuestiones más. ¿Realmente los egipcios, tan detallistas en sus representaciones sabían distinguir entre el guepardo y el leopardo cuando se trataba de mostrar la piel del animal muerto? Ciertamente parece extraño que gentes que supieron reproducir animales vivos con tal detalle como para que hoy en día podamos clasificarlos, fueran tan poco observadores en este caso. Recordemos los magníficos relieves del país de Punt en el templo de la reina Hatshepsut en Deir el-Bahari, donde pueden catalogarse los peces a la perfección, o el llamado Jardín botánico de Thutmosis III en Karnak, ambos de la dinastía XVIII. Parece que guepardos y leopardos eran animales apotropaicos, es posible por tanto, que emplearan indistintamente rasgos de uno y de otro en relación con los atuendos sacerdotales, simplemente porque se trataban de pieles moteadas, que era lo realmente importante.

¿La relación entre la domesticación del guepardo y la caza de gacela podría ponerse en paralelo con la dominación del caos, personificado por Seth, que a su vez estaba identificado con este animal?, ¿podría el rey adquirir las cualidades del leopardo para enfatizar la fuerza poderosa y feroz del monarca?, ¿la rapidez del guepardo podría guardar relación con las propiedades que el sacerdote Sem debía tener para partir al cielo (al Más Allá) en busca del "alma" del difunto?, ¿podría el sacerdote Sem, a través de la piel apotropaica del guepardo, obtener de forma mágica algunas de sus cualidades? ¿qué relación tiene el "aparente" Udyat?

A falta de un estudio especializado donde los zoólogos determinen si existió en Egipto, o en la fauna africana, otro animal de similares características al guepardo actual, todas las hipótesis apuntan a que lo que se presenta en este trabajo no carece de fundamento. De cualquier modo, todas estas preguntas y muchas que irán surgiendo a lo largo de la incipiente investigación deberán ser resueltas en el futuro, con la ayuda del análisis de nuevas fuentes y de un profundo estudio multidisciplinar.


NOTAS

  1. A falta de un acuerdo para la transcripción de nombres egipcios al español, en este artículo se seguirá el sistema establecido por: PÉREZ VÁZQUEZ, F.: "La Transcripción castellana de nombres propios egipcios". BAEDE 6. Madrid, 1996.
  2. Quizá la confusión con la pantera como animal específico se deba a lo que de forma común se denomina "pantera negra". Ésta no es más que una variedad melánica del leopardo.
  3. Todos estos datos técnicos han sido tomados de.: Grassé., P.P.: Zoología. Vol. 4. Vertebrados. Ed. Barcelona 1980, Dorst, J., y Dandelot, P.: Guía de Campo de los Mamíferos Salvajes de África. Ed. Barcelona 1973, pág. 136-148.
  4. Otros felinos pertenecientes a esta subfamilia existen en otros continentes, por lo que no serán tratados en el presente trabajo.
  5. No ocurre lo mismo con la Pantera de las Nieves (Panthera uncia) (Himalaya y Tibet), el tigre (Panthera trigris), el puma (Panthera puma) o el jaguar (Panthera onca) que nunca vivieron en el Valle del Nilo.
  6. Tratándose de algunos animales, la parte más alta del lomo, donde se cruzan los huesos de las extremidades anteriores con el espinazo, según el Diccionario de la Lengua Española. Real Academia Española, vigésima primera edición, Madrid 1992, Tomo I, pág. 601.
  7. En otro orden de cosas, la protección del ojo, con una mancha oscura bajo éste, todavía hoy se puede encontrar en tribus de África e, incluso, nuestros actuales deportistas emplean para la práctica del esquí, rugby y el windsurf protectores coloreados en esta zona de la cara.
  8. Sobre este asunto véase CERVELLÓ AUTUORI, J.: Egipto y África. Origen de la Civilización y la monarquía faraónicas en su contexto africano. Sabadell, Barcelona 1996, pág. 55, 69, 72-73. Entre los pueblos negroafricanos que utilizan las pieles moteadas, podríamos destacar a los Karamocho, que viven entre Kenia y el Noreste de Uganda. Es un pueblo guerrero de lengua negroafricana del grupo nilótico. También podemos citar a los Nuer que viven en el Sudán. Entre ellos existe un jefe "Piel de Leopardo" Véase EVANS-PRITCHARD.: Los Nuer. Barcelona 1992, Ilustración XIV.
  9. Este acontecimiento parece muy claro en el texto del Libro de la Apertura de la Boca. En él el sacerdote Sem proclamaba: "...Estaba dormido y algo me despertó, he visto a mi padre en sus muchas formas..." Las imágenes muestran a este sacerdote, vestido con una indumentaria particular de color blanco o rayada en rojo y blanco. Está asistido por otro sacerdote llamado Imi-is y se presenta tumbado en una especie de cama rectangular. Véase BUDGE, E.A.W.: The Book of Opening the Mouth. New Hampshire Ed. 1984, pág. 26-36.
  10. W.D.: Lexikon der Ägyptologie IV, 664-665.
  11. Los leopardos aparecen con anterioridad en algunas paletas del Período Predinástico sobre todo en Nagada III.
  12. DONADONI ROVERI, A.M.: I Sarcofaghi egizi delle origini alla fine dell´Antico Regno. Roma 1969, pág. 122-123. La autora tampoco parece diferenciar entre leopardos como animal específico y panteras como grupo, así en el texto habla de la representación de la piel identificándola como de "leopardo o pantera". Estos sarcófagos se encuentran en el Museo de El Cairo y están registrados en el Catálogo General con los números 6170 y 6.007. El primero es anónimo y el segundo pertenece a un personaje llamado aIry-n-wr.
  13. Como bien se argumentó en el I Encuentro de Egiptología, celebrado en el año 1998 en la Universidad Autónoma de Madrid, en el presente trabajo se va a emplear el término "Reino" en lugar del antiguo "Imperio" ya que se ajusta más a la realidad egipcia.
  14. La afirmación sobre el empleo del guepardo como ayuda en la caza, aunque puede citarse casi con toda certeza, todavía no ha podido demostrarse con seguridad.
  15. HOULIHAN, P.F.: The Animal World of the Pharaohs. London 1996, pág. 69, 200 y Capítulos 4 y 8. Una curiosa estampa es aquella que se encuentra en la tumba de Ptahotep II en Sakkara (Dinastía V). En el relieve se ve a un leopardo y a un león introducidos en sendas jaulas para su transporte.
  16. JANSSEN, R and J.: Egyptian Household. 1989. Pág. 44-45.
  17. Sobre este tema consultar PADRÓ, J.: "El Deu Bes". Fonaments 1. 1978 y Lexikon der Ägyptologie II, pág 530.
  18. A veces Aker puede presentarse bajo la forma de un león con la piel moteada. Véase el Libro de los Muertos de Ani, datado en la Dinastía XIX (EA 10470). Sobre estas formas compuestas véase: W.D.: Lexikon der Ägyptologie IV, 664-665.
  19. BONNET, H.: Reallexikon der ägyptischen Religionsgeschichte. Ed. Berlin 1971, menciona esta piel simplemente como la de pantera.
  20. Una de las más bellas representaciones de leopardo se encuentra en la tumba de Rejmira en la necrópolis tebana, allí además de encontrar al animal vivo, también podemos observar pieles de guepardo. Ambos proceden del Punt.
  21. Museo Británico (10470).
  22. Papiro de Ani, el Libro Sagrado del Antiguo Egipto. Texto de EDMUND DONDELINGER. Madrid 1988, ilustración 18.
  23. Papiro de Ani, el Libro Sagrado del Antiguo Egipto. Texto de EDMUND DONDELINGER. Madrid 1988, ilustraciones 6, 7, 21. Estas escenas corresponden a los funerales ante la tumba, la ceremonia de la "Apertura de la Boca", el traslado del féretro en trineo...
  24. Estas cabezas se encontraron en el interior del cofre 21, según la numeración dada por Carter. En este mismo cofre estaban las pieles de uso sacerdotal.
  25. Museo de El Cairo 289ª, 289b. Ambas fueron encontradas en la cámara del tesoro. Si identificamos éstas como de leopardo, tendremos que hacer lo mismo con las encontradas en la tumba de Amenhotep II y la pintada sobre los muros del enterramiento de Sethy II, ya que son muy similares.
  26. Lexikon der Ägyptologie III, pág. 1006-1007, nombra la relación entre las cabezas y la piel del leopardo con el ámbito de la fecundidad.
  27. El Imiut se encuentra desde la Dinastía I.
  28. 28 O Nemti, según escuelas.
  29. Muchos son los textos que se refieren a expediciones encaminadas a traer productos exóticos, ente ellas citaremos como ejemplo la "Autobiografía de Herjuf, personaje que en la Dinastía VI viajó al país de Yam para hacerse con ciertos productos, "...Descendí con trescientos burros cargados de incienso, ébano, aceite-hekenu, Sat, pieles de pantera, colmillos de elefante y palos arrojadizos, así como todo tipo de buenos presentes". SERRANO DELGADO, J.M.: Textos para la historia Antigua de Egipto. Madrid 1993, pág. 76-77.
  30. HOULIHAN, P.F.: The Animal World of the Pharaohs. London 1996, pág. 93, 199. El autor opina que tanto los guepardos como los leopardos fueron importados de Nubia o Punt. Lexikon der Ägyptologie II. Pág. 530. Recientes listas de fauna mencionan la existencia aislada del guepardo al oeste de Alejandría, aunque quizá la extensión fuera distitna en Época Faraónica.
  31. NAVILLE, E.: The Temple of Deir el-Bahari Vol III. London 1898, pág. 17.
  32. Estas pieles también se mencionan en: Urk IV. 329,10. El Lexikon der Ägyptologie III, pág 100-1007, centra el hábitat del leopardo como "el de mayor extensión espacial de los gatos de África. Todavía en este siglo, podía ser localizado al sur del Sinaí y al oeste de Alejandría... En el Antiguo Egipto, por idénticas razones, debió extenderse por amplias zonas del país."
  33. EA 922.
  34. GARDINER, A.: Egyptian Grammar. Ed. Oxford 1988, pág. 460
  35. ERMAN, E. y GRAPOW, H.: Wörterbuch der ägyptischen Sprache. Vol I. (7, 11-14). La obra completa consta de doce volúmenes. Leipzing-Berlín. Ed. 1982.
  36. MEEKS, D.: Année Lexicographique. Tomo I, (1977), Paris 1980.
  37. FAULKNER, R.O.: A Concise Dictionary of Middle Egyptian. Ed. Oxford 1988.
  38. El Lexikon der Ägyptologie III, pág 1006 incluye además: Aby y knmwt.
  39. D. Agustín Barahona me hizo notar que la raíz mH tiene otras muchas acepciones que podrían tener también relación con el tema que aquí tratamos: "llenar (de)" o "estar relleno (de)" podría aplicarse al pelo del animal; "estar completo" o "ser totalmente", podría referirse a que no es un híbrido; "(llevar) cautivo, sujeto, sostenido, agarrado", podría estar en relación con la procedencia lejana del guepardo y su domesticación. Esto es simplemente una propuesta para el estudio, que requiere obviamente la revisión de los textos originales, ya que se refiere sólo a la raíz biconsonántica, no a las formas desarrolladas o derivadas, y queda también sujeta a la necesaria revisión de los signos determinativos que acompañan a cada forma de esta raíz. Véase: Faulkner, R.O.: A Concise Dictionary of Middle Egyptian. Ed. Oxford 1988, pág 113.
  40. El Lexikon der Ägyptologie III, pág 1006, incluye además: nTr(y)t, Aby y mAfdt (?).
  41. Urk IV, 139, lín. 9-10.- "Apareció su majestad como una pantera después de haberlo oído". El texto pertenece al reinado de Thutmosis II y trata de una rebelión en Nubia, al referirse al momento en que el monarca se entera de lo ocurrido el texto recoge la mencionada frase. En ella puede querer enfatizarse el hecho de que el rey se presente ante los nubios sin que éstos tengan constancia de su llegada, pero completamente enfurecido.
  42. BERTA, P y MOSS, R.L.B.: Topographical Bibliography of Ancient Egyptian Hieroglyphic, Texts, Reliefs and Paintings. Los siete tomos están editados en Oxford. Tomo I, Part I Ed. 1985. Tomo I, Part II. Ed. 1989. Tomo II. Ed. 1991. Tomo III, Part I. Ed. 1974. Tomo III, Part II. Ed. 1979. Tomo IV, Ed. 1934. Tomo V, Ed. 1962. Tomo VI, Ed. 1991. Tomo VII, Ed. 1975.
  43. Petrie encontró a esta divinidad en la necrópolis de Abidos. Veáse: FLINDERS PETRIE, W.M.: The Royal Tombs of the Earliest Dynasties, part II. London 1901. Pl VII y XVI, pág. 25 y 49.
  44. FRANCO, I.: Pequeño Diccionario de Mitología Egipcia. Ed. Barcelona 1994, pág 82. BONNET, H.: Reallexikon der Ägyptischen, Religionsgeschichte, Ed. Berlin 1971, En la pág 434 dice "se ha aludido a Mafdet como gato salvaje, pantera, lince o también guepardo". En la pág. 581, Nos habla de la identificación de Mafdet con la palabra que denomina a una forma de gato. Al respecto también se puede consultar: MALEK, J.: The Cat in Ancient Egypt. London 1993, pág 77.
  45. SHAW, I. y NICHOLSON P.: British Museum Dictionary of Ancient Egypt. London 1995, pág 139.
  46. WESTENDORF, W.: Lexikon der Aegyptologie IV, pág. 664-665, y Altaegyptische Darstellungen des Sonnenlaufes auf der abschuessigen Himmelsbahn, Berlin 1966.
  47. De esta estatua se conserva solamente hasta la altura del pecho. Esta fraccionada en dos trozos y ambos se encuentran en dos museos distintos: la cabeza en el Field Museum of Natural History (nº 31723), el torso en el Brooklyn Museum (nº 16.580.186)
  48. VANDIER, J.: Le Papyrus Jumilhac. Centre National de la Recherche Scientifique, parte II, líneas 6-15.
  49. Se facilita esta traducción gracias a la amabilidad de D. Antonio Hernández Marín.
  50. Papiro de Ani, el Libro Sagrado del Antiguo Egipto. Texto de EDMUND DONDELINGER. Madrid 1988, ilustración 32.
  51. Papiro de Ani, el Libro Sagrado del Antiguo Egipto. Texto de EDMUND DONDELINGER. Madrid 1988, ilustración 62.
  52. The Shrines of Tut-Ankh-Amon. Transliteración e introducción de ALEXANDRE PIANKOFF. Editado por N. Rambova. Ed. Guildford, Surrey 1977, pág 141-143, ilustración 46.
  53. HORNUNG, E.: The Valley of the Kings. Horizon of Eternity. New York 1990, ilustraciones 81 y 82.
  54. Quisiera expresar mi agradecimiento a: G.E. Kadis, A. Eyma y J. Cervelló, así como a: A. Barahona, A. Hernández y M. Jaramago, por las aportaciones e ideas que me han ofrecido.

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