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«EGIPTOLOGÍA CIENTÍFICA Y DIVULGATIVA» |
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por Antonio Hernández Marín
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ADVERTENCIA:
Han pasado casi cuatro años desde la publicación de este artículo y ninguna modificación esencial ha venido a añadirse a nuestra investigación. Hay que tener en cuenta, además, que este trabajo solamente presenta una sucinta introducción y plan metodológico de una obra mucho más compleja de lo que aquí podemos exponer. Resueltas otras necesidades más urgentes en la investigación, esperamos, en años futuros sin duda, volver a abordar la exposición de este bajorrelieve.
De momento, sólo cabría hacer una observación sobre un asunto que no afecta al resultado de la obra: el autor no mantiene hoy como posible, en las lecturas de Ptah, la derivación por Acrofonía de la consonante t desde itn, disco solar.
La alfabetización de los signos jeroglíficos es asunto debatido y aún no resuelto por la investigación. El recurso a la Acrofonía de Drioton (que resuelve automáticamente todos los problemas de lectura pero que ocasiona, a la vez, varias lecturas posibles simultaneas) fue convincentemente combatido por Fairman (: ASAE 43, 1943, pgs. 193-310 y BIFAO 43, 1945, pgs 51-138). Los posteriores descubrimientos de Sauneron en Esna (años 60-70), que suponían el empleo sistemático de la Acrofonía, legible ahora bajo la guía de un área y un contextos restringidos al templo y a sus mitos, ha posibilitado (bien que Sauneron se decantase por el propio Fairman) que generaciones posteriores de egiptólogos sigan creyendo válido el uso generalizado de la Acrofonía para resolver cualquier escritura poco común que se encuentre o en un papiro o en cualquier templo ptolemaico, etc...
Nuestro más reciente trabajo: La grafía
como escritura ptolemaica del nombre de Iah (BAEDE 7, 1997,
pgs 203-220) trata de demostrar las razones por las que no es posible una
generalización del método de Acrofonía.
Antonio Hernández Marín
El autor agradece aquí a John H. Taylor, Elizabeth Miles, Jaromir Malek, Francisco J. Martín, Elisa Castel, y Miguel Jaramago su valiosa ayuda, sin la cual este trabajo no hubiera sido posible.

No cabe duda: estamos ante una creación difícil de interpretar. El sarcófago procede de Sakkarah y perteneció a un sacerdote de Mut, entre otras divinidades, posiblemente menfita.
Se suele fechar hacia la Dinastía XXX o hacia el año 300 o bien se da como de fecha indeterminada (4).
He llevado a cabo una investigación sobre este original bajorrelieve, en el marco de una serie de estudios sobre la idea de "tiempo" en el antiguo Egipto y su expresión en la literatura y en las obras científicas. De momento no es posible ofrecer más que una breve introducción y breve muestra del muy amplio conjunto de temas implicados en este monumento. Bastará, creo, para justificar el interés hacia su estudio y para asentar la conclusión de que estamos ante una obra que tiene mucho más que contarnos de lo que hasta ahora se ha podido suponer. Resulta más incomprensible aún el abandono de la investigación (el relieve se publica ya en el 1914) si se piensa que estamos ante un conjunto organizado del que razonablemente podemos esperar que nos desarrolle una secuencia coherente.
Al abordar el estudio del pensamiento egipcio, nos asalta el problema de la lógica. No disponemos de una representación que nos permita verificar bajo qué principios establecen las ideas sus relaciones mutuas dentro de un orden que llega a resultarnos irreductiblemente contradictorio (5). Del estudio exhaustivo de este monumento derivará, también, una descripción de en qué términos efectúan los miembros de un sistema sus conexiones lógicas, solución que podremos generalizar para otras áreas del pensamiento egipcio que presentan los mismos problemas. El carácter orgánico del relieve de Uresh-nefer, resalta aun más al considerar que nos encontramos ante un complejo y singular desarrollo criptográfico del nombre de Ptah, algo a lo que debió de prestar más atención la época de efervescencia en este tipo de estudios. Que sepamos, jamás la criptografía egipcia llevó a cabo una realización de tal importancia y originalidad, en la que los elementos que componen la descripción del cosmos, según la clasificación egipcia, resultan además signos fonéticos, glosados en un estilo y contexto filológico que nos autorizan a retrasar la fecha de su aparición hasta el período romano.
l.- Al comenzar la descripción de este monumento, hay que
decir que exhibimos, al lado del dibujo de la figura 1, una reproducción fotográfica del
original de diorita, de brillo nítido y de sombreado preciso(6). Sólo las rocas duras de origen ígneo y, entre las blandas, el
alabastro, resultan aptas, por la claridad de su brillo vítreo, para detallar sin
confusión el profuso caleidoscopio figurativo en los relieves de los sarcófagos de Epoca
Tardía.
Envolviendo el conjunto, vemos, antes que nada, una gigantesca Nut en su posición característica de diosa-cielo en la que Ramson reconoce a la mejor Nut del arte egipcio (7); en efecto: la diosa exhibe aquí una figura espléndida y, ante todo, natural, lejos de las deformidades a las que el papel propio de Nut obliga en casi todas sus representaciones.
Abajo vemos un signo del Ka, también de gran tamaño. Ambas figuras son parejas en cuanto al sombreado: un pulido más opaco las distingue del resto y sirven de marco al desarrollo de la historia. Arriba, Nut, sea: el itinerario nocturno de Ra (8), surcada por tres grandes discos solares, da a luz al sol del día, un pequeño disco alado que, elevado y dirigido por una figura con los brazos extendidos, desaparece, al occidente, en la boca de la diosa.
La figura que eleva al sol, situada inusualmente de frente, ocupa la posición y el papel habituales de Shu, del que constituye una notable variante: no sostiene a Nut sino que dirige la evolución del curso diario solar en el cielo del día. La función de Shu elevando a Ra y su relación con el tiempo, son conocidas (9). En la escritura de época ptolemaica intercambia su pared con la de Heh en quien debemos ver, no la "eternidad" por oposición al tiempo, sino al tiempo mismo, el cíclico (10), el anual (11), como medio de regeneración. Esta figura, como a veces Heh, lleva también un disco solar sobre la cabeza, en este caso, con unas tenues alas moteadas de estrellas.
Abajo, tenemos un gran signo del Ka, animado con piernas, variante conocida del signo (12); en su centro vemos un ojo y, ya encima de los brazos, una cara, duplicado de la superior, también de frente como la del signo jeroglífico Hr que lleva un disco y aún un óvalo enmarcado todo por dos patas de escarabajo; (observar el distinto trazado de los brazos del Ka, flexible el izquierdo, rígido el derecho, y la delicadeza en el dibujo y el pulido de las manos de Nut, posiblemente la ejecución más lograda de este bajorrelieve).
2.- Y el Ka sostiene un gran círculo, espacio en que sucede toda la trama. Se trata de dos círculos concéntricos; el diámetro del menor, mide, ya lo veremos, la mitad del mayor. Este último es un gran anillo doble de significado y funciones muy diferentes. El anillo exterior carece de accidentes: solo toca a las figuras superior e inferior que lo contienen como él contiene al anillo interior. En este último, contemplamos una compleja representación con espacios muy diferentes unos de otros.
Ante todo, a diferencia de la libertad de movimientos de que disfruta el anillo exterior, el interior nos muestra el tercio superior aislado por una línea que actúa como frontera o límite. Este tipo de divisorias, que demarcan los espacios superiores celestes, son conocidas en la literatura religiosa, desde los Textos de las Pirámides a la producción gnóstica del período romano (13)
Sobre el límite, un gran disco alado, forma convencional
del Horus de Behedet que preside en las estelas el espacio superior. Los dos chacales
afrontados (14) son también de uso
corriente en las estelas, señalizando el eje este-oeste del ciclo solar al que sirven de
guías (15).
Bajo el límite, el paisaje cambia bruscamente: tenemos ahora el pequeño círculo
interior, como un mundo aparte. Poco visible en las fotografías, hemos creído
conveniente reproducir aquí una copia publicada en el JEA por Gardiner(16) (figura 2). De momento solo podemos ofrecer
una descripción sumaria. Profundizar en él requiere, dada la complejidad de sus
funciones, una atención intensiva de la que podemos, de momento, hacer abstracción en
esta primera aproximación sin dañar la visión del conjunto. El pequeño círculo se
encuentra dividido en tres franjas horizontales: el tercio inferior nos muestra una
réplica invertida del superior: un personaje yacente empuñando un cetro-#rp(17);
sobre él, un halcón con las alas desplegadas, llevando un pequeño círculo que no
debemos confundir con el anillo Sn
(18).
En la franja central, hay un disco alado, como veíamos antes en el anillo interior del Gran Círculo pero más pequeño y ubicado en una subdivisión horizontal propia rodeada por hileras de pequeñas figuras momiformes arriba y abajo. El conjunto se encuentra rodeado por los emblemas de los nomos inscritos en el espesor del círculo con 17 del Bajo Egipto a la derecha y 22 del Alto a izquierda (19).
3. Volviendo al anillo interior, su más importante elemento lo constituyen las
dos diosas simétricamente afrontadas, con los signos del este, a la izquierda y el oeste,
a la derecha. Sus cuerpos emergen de la propia línea del anillo interior y elevan la
barca solar hacia el tercio superior. La idea es la misma que encontramos en el signo
jeroglífico dwAw "mañana"
frecuente en este período
: Isis y Neftis, el este y el oeste, elevan, al amanecer, el
disco solar(20).
Los brazos, en ambas diosas, resultan anormalmente largos y sus manos superan el límite que demarca el tercio superior. Lejos de constituir una irregularidad del bajorrelieve, se ha representado el gesto (i)-a "extender el brazo" que, como ha demostrado Kruchten, significa más propiamente hacer pasar el brazo de un mundo a otro (21), imagen de la capacidad de acción propia de la divinidad que, en la época de Amarna, se convirtió en el rasgo iconográfico oficial de Atón (22).
Así se ha representado aquí: las diosas alcanzan con sus manos más allá de la línea del límite, y sirven de puente a la barca solar. Elizabeth Thomas, que se ocupa de estas dos diosas en un artículo sobre la afrontación proa a proa de las barcas solares (23) (figura 3), supone correctamente que la diosa del oeste debe recibir al sol y enviarlo luego por debajo (24). Tema universalmente escenificado, un ejemplo clásico aparece en la Hora 12 del Libro de las Puertas (25) donde se ve, en este caso, a Nut, alargando los brazos y recibiendo al sol (26). Así pues, en el pequeño sol alado que ocupa el centro de ambos círculos, debemos ver al otro gran disco alado durante su recorrido nocturno.
Y ya podemos decir, que toda la mitad superior de este gran anillo interior está dedicada a la exposición del ciclo solar, la idea fundamental de la cosmovisión egipcia, con dos importantes simbolos de su trayectoria: los dos chacales afrontados, sobre el límite; y debajo, las dos diosas también afrontadas.
(Observar, como en el caso del signo del Ka, la muy diferente intención del relieve de ambas diosas: sensual y mórbido en la diosa del este, con los rasgos inconfundibles del modelado de época grecorromana y austero y rígido en la del oeste).
4.- La mitad inferior del anillo interior es muy diferente. Nuevo cambio en el paisaje, caracterizado ahora por una banda de 12 óvalos que recorren el semi-círculo inferior. Sobre cada extremo de la serie, en el punto estratégico del camino nocturno del sol, vigila un genio armado y coronado con cuchillos, de un tipo que la Baja poca propagó abundantemente (27).
Dentro de cada óvalo hay tres signos en los que el Dictionnaire de la Civilisation
Egyptienne de Posener-Sauneron-Yoyotte(28)
lee los signos
xAst, -"países extranjeros"- en
la idea de que la totalidad del bajorrelieve es un mapa del mundo en el que el pequeño
círculo central representa a Egipto y el espacio exterior de los óvalos, a los paises
extranjeros, sugiriendo, acaso, las naciones limítrofes. Tal vez convenga reducir el
espacio solo a los desiertos inmediatos al valle: la necrópolis.
En un artículo de Sydney Aufrere sobre el origen divino de los minerales vemos cómo los desiertos constituyen los espacios entre uno y otro crepúsculo al igual que en nuestro bajorre-lieve (29): los yacimientos minerales del desierto se equiparan, también, al cadáver disperso de Hathor que renace, luego, en el oriente.
Un examen más atento a los óvalos nos lleva a las mismas conclusiones. Hay que
advertir que están orientados respecto al sol central y no respecto a un posible
espectador. Lo que parece ser
cuarto óvalo , derecha - se convierte, si se gira la fotografía, en
un conocido signo
sumariamente grabado, de hombre momificado, un Ax,
un espíritu (30) del que los óvalos de
la izquierda nos ofrecen una variante muy conocida de personaje momificado
(31) imposible de confundir, salvo por descuido, con el signo HAst(32).
Como puede verse, la teoría standard se basa en una serie de descuidos elementales
respecto a una obra en la que rápidamente se advierte que hasta el último detalle ha
sido calculado (33).
Los 36 personajes, tres en cada uno de los 12 óvalos, según la distribución de los
decanes, son los protagonistas de la mitad inferior del gran anillo interno. Si la mitad
superior se dedicaba al ciclo solar, la inferior nos habla del otro ciclo, el del cielo
nocturno, al que podemos ver como al contracielo o cielo invertido según lo describe el
signo
, Nnt(34).
Así figura en el bajorrelieve con los personajes mirando hacia arriba (35). En la distribución decanal de los 36 personajes no debemos ver los 12 meses, sino, ante todo, las 12 horas del cielo nocturno, pues los dekans son mencionados como indicadores de la hora nocturna (36). El tipo de óvalo alargado en el que reposan es el habitual del libro de las Cavernas (37) y otras creaciones del Reino Nuevo. Son sarcófagos que leemos DbAt(38) en los que suele reposar una o varia divinidades. Tenemos, pues, el desierto, no en el sentido vago de "paises extranjeros", sino como necrópolis. Lo que guardan los dos genios afrontados, ahora podemos verlo, es la necrópolis: un espacio subterráneo, (bajo la línea de terreno), con sarcófagos y divinidades momiformes, los 36 decanes, concebido todo ello como la mitad invertida del cielo, el Nnt, el aspecto nocturno de Nut, como madre del difunto, equiparada al propio sarcófago, en cuyo interior se gesta una nueva vida (39).
La asociación del Nnt con el signo xAst,
en su sentido de necrópolis, produjo esta grafía de época Ptolemaica:
(40), Nnt, en el que el signo xAst sustituye a
.
En contraste, la idea expuesta en su artículo por Schott de que hay que imaginarse el Gran Círculo como horizontal, sin profundidad, y a Nut puesta verticalmente sobre él (41), viola las reglas del sentido común pues los pies del Ka, que lleva el círculo, en vez de, según la visión de Schott, flotar en el aire, se apoyan en la misma línea en los que se apoyan los de Nut. El error deriva el prejuicio que ve en el círculo una representación de la tierra. Como los dibujantes románticos del S. XIX se ha preferido aquí la idea preconcebida a la evidencia(42).
5. Dentro de los límites de nuestro trabajo, solo podremos verificar, cómo la teoría standard no se mantiene, entre errores y negligencias, y ni sospecha la tupida red de relaciones y, menos aún, el significado y la importancia reales de esta obra.
Resumiendo lo descrito: tenemos un cielo diurno
, cuya periodicidad está figurada por el anillo exterior del
Gran Círculo, o itinerario del sol durante las 12 horas diurnas y, tras su puesta,
recogido por la diosa de oeste, se adentra en el anillo interior, o disco nocturno (43), escenario de una compleja estructura a dos
mitades: la superior nos describe su posición sobre el horizonte - puesta y salida: los
dos chacales y, luego, su viaje nocturno; la inferior, nos representa el
contracielo
figurado
como una gran necrópolis, sin olvidarnos del pequeño círculo central que constituye la
etapa más profunda del recorrido del sol.
Como en una gran viñeta funeraria, se nos muestra, no un mapa de este mundo, sino más bien, un mapa del Más Allá, motivo por el que se encuentra sobre un sarcófago donde un Mapa Mundi convencional resultaría siempre poco justificable.
Lo que aparece relatado en este monumento de Uresh-nefer es, pues, el conjunto de transformaciones del cielo nocturno, de las que el sol, es decir, el difunto Uresh-nefer, renace a un nuevo día en el cielo superior (44).
Más aún: podemos alargar nuestra descripción del bajorrelieve hasta alcanzar los propios límites de la dual 1ógica egipcia: el sol, la descripción de cuyo curso resulta ser el más fundamental de los temas aquí tratados, reside en el cielo superior, abovedado por la gran Nut, en la que entra para su recorrido nocturno. Sin embargo, más abajo y a la vez, el recorrido diurno del sol está visto como una evolución del anillo exterior del Gran Círculo, por cuyo interior desciende, más de acuerdo con la tradición del Reino Nuevo, para su viaje nocturno.
Tales son los términos del problema directamente implicado y coherentemente resuelto. Como no podemos pensar que una sociedad, tal que la egipcia, haga un uso también social de un sistema de lógica que admita la contradicción, demostrando, no obstante, un alto grado de coherencia y jerarquización en todas sus manifestaciones sociales y culturales, hemos de concluir que la sociedad egipcia, con el mismo orden lógico posible de cualquier otra sociedad, recurría, como método, a la 1ógica dual, aparentemente contradictoria, en el tratamiento de un reducido número de temas especulativos centrados, sobre todo, en la ubicación de los espacios escatológicos y en la periodicidad del tiempo.
Por ello, a la vista del monumento de Uresh-nefer, asombra más aún el descuido de la investigación que no ha acertado a ver en él la descripción y tratamiento sistemáticos de los mismos problemas que tanto tiempo lleva esperando resolver.
1. Antes de comenzar, decir que elegimos sólo una muestra del material disponible en signos fonéticos, susceptibles de ser leídos "Ptah". El concepto de "criptografía" resulta aquí vago si se compara con la criptografía convencional. El bajorrelieve de Uresh-nefer es posible de ser deletreado fonéticamente y leído como signos jeroglíficos tomado en su conjunto, en sus distintas partes y, aun, de diversas maneras y obedece, antes que a nada, a las reglas de su propia y minuciosa elaboración.
Constituye, como el de algunas inscripciones de Esnah, de Epoca Romana, un caso límite en la extensión y condensación de las reglas del sistema jeroglífico. Básicamente, el recurso,: preferido, ha sido el de ampliar el repertorio de atributos figurativos de cada signo jeroglífico por medio de glosas o añadidos, caso del disco solar con tenues alas estrelladas, o de variantes fácilmente reconocibles, caso de la figura de Shu con los brazos extendidos o de las dos diosas con las barcas solares. Podemos decir que todo el conjunto del bajorrelieve deriva de comentarios y glosados de unos cuantos signos jeroglíficos.
Al revés de las mayúsculas rotulares de nuestro hoy desfasado arte tipográfico, ilustradas con historias siempre ajenas a la letra a la que ornamentan, los signos de esta inscripción comentan y desarrollan con ilustraciones su propia función dentro de un sistema organizado. Esta función permite reconocer, como en el caso de las diosas que elevan la barca solar, el valor de un signo con suficiente claridad por encima de las variantes y desarrollos figurativos.
De modo que existe una íntima conexión entre las letras del texto y el significado mismo del texto como en las inscripciones más tardías de Esnah (45).
Pero en este bajorrelieve del sarcófago de Uresh-nefer se ha logrado aun dar un paso más y si en Esnah los nombres de los dioses, escritos mediante juegos de escritura, aparecen como parte de un texto, ahora una pocas letras condensan todo el texto y lo narran, luego, mediante sus comentarios figurativos.
Existe, desde época griega una tendencia entre los eruditos egipcios a especular con el sistema jeroglífico sobre el valor de los signos en los nombres de los dioses como revela el papiro Jumilhac donde se deletrean y comentan los signos inp de Anubis (46). En época romana avanzada supone ya una tendencia más de la cultura y, además, sólidamente implantada en todas las áreas del paganismo tardío, desde las especulaciones del sacerdocio de los viejos cultos a los Papiros de Magia Griegos(47), o los textos gnósticos de cualquier período (48).
El monumento de Uresh-nefer es, ante todo, un elocuente retrato de las preocupaciones y tendencias culturales del sacerdocio tardío y del ambiente de una época.
2.- Tomado en su conjunto, el bajorrelieve se lee Pth-Ptah-. Una forma de
escribir este nombre muy corriente entre los juegos de escritura del momento, es
esta
que sirve de
soporte, reconocible aún, a todos los desarrollos y escenificaciones del bajorrelieve. En
esta escritura vemos al dios menfita en la función de Shu como ax-pt -"que eleva el cielo" (49), rasgo distintivo del dios creador y
organizador que fue, ya desde el Reino Nuevo, asumido por Ptah y generalizado
después (50). El más acertado comentario
sobre este criptograma nos dice cómo los signos intentan describirnos la soberanía de
Ptah, el dios creador, sobre su creación (51)
en la división, siempre tripartita, que de ella hacían los egipcios: aquí, el cielo, (p), el espacio intermedio (H), y la tierra (t), abajo. Todo lo cual es congruente con la hímnica
y encuentra un eco en este bajorrelieve, también a tres niveles. (52).
En el primer caso de lectura, la gran Nut forma la letra P, valor corriente de la figura de Nut desde época griega(53) en su función de diosa del cielo -pt-. (En ambos criptogramas el orden de las consonantes es pht por adaptación a este divulgado molde iconográfico del dios ax pt: como expresión de universal soberanía).
La segunda letra, la H, es la figura que, bajo Nut, eleva al sol en un papel, como el
del ax-pt, que corresponde a Shu de
cuya función más representada
, en su
corriente valor de @(54), constituye una significativa -ya veremos por qué- variante. (H
derivada de hh, "eternidad", valdría decir: el año -, cuya
personificación asume la función ax-pt
de Shu con el signo del año
, sobre la cabeza. Hay que destacar en todo ello la relación
fundamental de Shu con el tiempo (55),
aún no suficientemente esclarecida, y que en esta obra sirve de principio rector). Y por
la T, en vez del usual signo
tA, la tierra, de su modelo figura otro,
también de usual valor T, el disco (56),
alfabetización derivada de itn,, el
disco solar, que aquí sustituye al signo-tierra con la escenificación de su viaje
nocturno.
"Disco" significa aquí el Gran Círculo, tomado en su conjunto, o sea, los
dos anillos: el exterior, que, liso y en apariencia independiente del interior, podemos
ver así
y leer, sin
más, T.
El anillo interior, muy complejo, también es susceptible de ser leído T en su
conjunto. En la figura 3, vemos la esquematización que de él
hiciera Elizabeth Thomas en su artículo antes citado. Puede apreciarse que el anillo
interior trata ante todo de las dos diosas y del disco solar. La autora incluye vagamente
este bajorrelieve entre los casos de barcas solares afrontadas proa a proa, recurso
egipcio para describir el curso solar completo en sus dos direcciones, diurna y
nocturna (57). Así es en muchos de los
casos que aparecen allí citados. Para incluir el de Uresh-nefer entre ellos, las diosas
tendrían que estar o sobre las barcas o sobre la línea de demarcación del cielo o, como
en los sarcófagos de Berlín y del Cairo que también cita, sobre el mismo signo
del cielo (58). Bajo la línea del límite y fuera de las barcas como aquí o
como en el techo del corredor C de la tumba de Ramsés VI (59), final del Libro de la Noche, la afrontación de las diosas del
este y del oeste representa, no el curso solar completo, sino sólo la salida (60), motivo iconográfico que en época
ptolemaica pasará a la escritura como
dw3w -, el amanecer. En nuestro bajorrelieve, en
vez del simple disco solar, elevan, cada una, la barca solar.
Y sólo en época romana, en la criptografía de la Esnah de los reinados de Domiciano a Trajano, nos encontramos el signo dw3w alfabetizado con la dental sorda (61) T, reflejo del habla del momento (62). Así, pues, nos parece éste un detalle de importancia en orden a retrasar la fecha del sarcófago hasta el período romano.
En resumen: la gran figura de Nut -p-, el personaje en la función de Shu -H- y, bajo él, el Gran Círculo doble, como el disco solar diurno y nocturno -t-, forman la gran lectura del nombre de Ptah que ocupa, en este caso, los tres niveles, superior, central e inferior, del bajorrelieve.
3.- Al hacer esta lectura agrupamos solamente los elementos de mayor relevancia
visual y estructural, haciendo abstracción del disco solar que corona la figura de Shu y
de los pequeños discos alados que lleva sobre los brazos, desarrollos figurativos de su
función de cronometrador que, en el caso de alguno de ellos, también puede ser leído
con independencia de su figura. La ley es muy simple: leer, siempre, donde sea posible y
encontrar a qué regla obedece. Y en este caso la verificación es más simple aún:
obedeciendo al principio de simetría, entre pares de opuestos (63), se ha escrito también el nombre de Ptah arriba y abajo, o sea:
en el cielo
y en el
contracielo
, siendo
esta última inscripción réplica esquematizada de la superior. Podemos decir que estas
dos lecturas locales son la base del multicriptograma de Uresh-nefer y que no se anulan
sino que coexisten con la lectura global según otra fórmula recurrente de la lógica
egipcia.
Veamos paralelamente, arriba y abajo, cada signo y su función.
De nuevo tenemos la P, arriba, en Nut, ya comentada. Y, abajo, entre los
signos que figuran sobre el centro de los brazos del Ka, la tenemos en el óvalo
(64), P, extraída de pAt,
en su sentido de "tiempo primordial" (65),
antigüedad. Su relación con el cielo, como para poder representar a la Nut de arriba, es
bien conocida. En el Amduat, Hora 5ª, figura como nombre del óvalo que contiene la
"Tierra de Sokari" y que, como el de la diosa del cielo, se lee Nwt(66).
Con el mismo sentido, aparece en el período Ptolemaico como signo jeroglífico empujado por un escarabajo (67) como en este bajorrelieve, por las patas de un escarabajo. Y también se lee nwt. Este óvalo figura entre los doce óvalos o sarcófagos. Y él es eso: el cielo, concebido como el sarcófago, posiblemente el mismo óvalo nwt- de la "Tierra de Sokari" que Uresh-nefer, que ordenó grabar una copia del Amduat a todo lo largo de su sarcófago, debía conocer sin duda bien (68).
El segundo signo de Ptah sigue, en este caso, el orden jeroglífico convencional, PTH, arriba y abajo y es en razón de esta simetría que podemos verificar la autenticidad de la lectura de cada letra.
El disco solar, que en todas las lecturas vale T, forma aquí el segundo de los signos, arriba con unas tenues alas, incisas a menor profundidad; abajo, el disco solo.
Y el tercer signo, H lo tenemos sin problemas de nuevo en la figura de Heh, arriba, que nos mira de frente y, abajo, en la cara -aquí, la cara del Ka de Uresh-nefer-, también de frente, con el valor común de H (69) -de hr, cara- en época grecorromana.
4.- Puede verse que arriba y abajo, las figuras son las mismas, un poco más esquematizadas las de abajo; sólo entre la figura de Nut y la del óvalo existen diferencias formales pero el significado es el mismo. P alude, visiblemente, en ambos casos a la función "envolver", o "contener": como Nut, el óvalo, en su papel de sarcófago, resulta, también, un envolvente (70).
El principio de simetría se cumple en términos absolutos en esta composición. ¿Qué pensar de las dos H?. Su simetría es más que evidente pues son los dos personajes protagonistas del bajorrelieve, uno arriba y otro abajo.
Precisamente "arriba" (Hr) y "abajo" (Xr) pueden ser representados, también, por la misma h en el habla de la región de Menfis en una época, como la del reinado de Trajano, en que sobre los textos jeroglíficos de Esnah se dejan ya sentir las diferencias dialectales del habla copta (71).
Si esto es así, habría que sumarlo al modelado ptolemaico de la diosa del este, al tipo de criptografía enormemente desarrollada y compleja y a unos signos con los valores normales de época grecorromana más la utilización de un signo dw3w con el valor de T, síntomas todos ellos de que no estamos ante una obra de las últimas dinastías indígenas, ni siquiera de Epoca Griega, sino contemporánea de las postreras inscripciones criptográficas de Esnah.
En resumen, el criptograma de Uresh-nefer se nos presenta como un verdadero juego
multi-criptográfico que realiza a tres partes la división también tripartita del
universo con la que el criptograma que le servía de base
describía la soberanía de Ptah.
Bajo esta lectura global de Ptah (Pht), aparecen otras dos en el orden normal Pth. La primera, arriba, en el cielo superior, lo identifica con Shu, el aH-pt, una figura juvenil que también representa a Heh, el tiempo reversible y regenerador.
La segunda, abajo, en el Nnt, lo identifica con Sokari, el dios por excelencia de los muertos y aspecto habitual del propio Ptah en la necrópolis menfita: la cara, más llena que lo normal en el signo hr, es ahora la de un hombre mayor, con las arrugas de la edad en los ojos y en la frente: la cara de Uresh-nefer, el difunto.
Así pues, las distintas partes del Universo, tomadas como signos expresivos de un todo orgánico (72), se leen "Ptah".
La hímnica tradicional de Ptah se ve fielmente reflejada en la estructura de este criptograma. Consideremos, por ejemplo, algunos versículos del gran Himno a Ptah del Museo de Berlín, nº 3048, de época ramésida, que nos presenta a un Ptah con los rasgos solares que habría de conservar desde el Reino Nuevo hasta el final de la cultura egipcia. En su función de Shu, ax-pt, tenemos aquí a la misma figura de nuestro bajorrelieve por cuyos brazos se eleva en el cielo el sol, Ra, al que los círculos menfitas trataron de considerar a toda costa, como a hijo de Ptah (73) :
El se eleva sobre tu cabeza y se pone sobre tus brazos (74)."
La dualidad arriba-abajo que fundamenta este criptograma y la fuerza de los brazos de Ptah (75), como el Ka en el bajorrelieve, bien apoyado en la tierra y con grandes brazos, encuentran aquí su descripción:
... Tú elevas la obra que has hecho apoyándote solamente sobre tu propia fuerza,
elevándote a ti mismo por la solidez de tus brazos.
... El cielo está sobre ti y la Duat debajo de ti" (76).
Voluntariamente hemos pasado por alto, por ley de brevedad, una serie de temas. ¿Qué decir del propietario del sarcófago?. Ante todo observamos un fuerte contraste entre su monumento funerario, de profunda inspiración menfita, y sus títulos sacerdotales ligados exclusivamente a divinidades femeninas del Sur: Mut de Asheru, Neit de Coptos, Sejmet de Tebas, Neftis de Edfu, y Satis de Elefantina (77). Sin embargo, el emplazamiento del monumento en Sakkarah, su puro estilo menfita y los posibles trazos dialectales de la inscripción, parecen indicarnos un origen menfita del personaje.
Además de haber pasado por alto, también, el pequeño círculo interior, hemos silenciado, aun, muchos detalles. La razón es bien simple: el bajorrelieve es un sistema articulado a mayores, cada vez, niveles de complejidad y observa, a la vez, una mecánica, un movimiento. Sólo hemos contemplado la fachada de un edificio que está detrás.
Un caso más nos situará en mejor perspectiva. En el capítulo 105 del Libro de los
Muertos (78) vemos la identidad entre el
Ka y la duración de la vida, el tiempo de pervivencia, aHaw . "Salve a ti, mi Ka, mi
pervivencia"(79). El determinativo
más usual de aHaw es, como en casi
todos los términos relativos a la idea de tiempo, el disco solar (80):
.
Y así podemos verlo también en nuestro bajorrelieve: el Ka con el signo mismo del tiempo
si ya sabemos que el Gran Círculo concéntrico expresa la rotación de los cielos diurno
y nocturno ahora convertida en la duración de la supervivencia del difunto.
En un artículo del año 1976, G. Goyon (81)
volvía sobre la descripción que Diodoro de Sicilia hiciera de un círculo de oro, de uso
calendárico en el Templo Funerario de Ramsés II, el Rameseum. Tras un detenido análisis
resultaba claro que Diodoro había descrito un gran círculo concéntrico con otro más
pequeño en su interior, de diámetro, exactamente, la mitad del mayor, cuyas medidas
podemos apreciar en la figura 4 en la que reconocemos el mismo Gran Círculo de nuestro
bajorrelieve.
La lógica más irreprochable guió a G. Goyon en sus conclusiones, pero no acertó a
encontrar ningún testimonio histórico de un empleo por los egipcios de tales círculos.
No obstante, el testimonio era bien evidente y en absoluto desconocido, si bien complicado
de imágenes y alusiones, historiado, como el que resalta de la descripción de Diodoro:
"Está inscrito, en divisiones de un codo, con los días del año, para cada uno de los cuales están indicadas las salidas y las puestas de los astros según el orden natural y las variaciones de tiempo por ellos realizadas, según los astrónomos egipcios" (82).
Estamos pues ante una obra muy diferente de lo que se pensaba y sobre la que habían
caído olvidos inexplicables. Uresh-nefer nos habla solamente del tiempo o, lo mismo da,
de la eternidad. Su círculo no solo no es la tierra: ni siquiera es, hablando con
propiedad, espacio: es solo tiempo:
y las distintas regiones, solamente períodos de un proceso. Este es el
sentido de la sustitución de la T procedente de tA -tierra- por la T de itn, el disco solar: son todas las etapas de su
renacimiento diario. Y éste, el de enfatizar la idea de tiempo, era el motivo de la
variante iconográfica del dios ax-pt
que privilegia aquí su función rectora del curso horario.
El monumento de este erudito sacerdote, único en saber cómo aludirse a si mismo (83) pues así también se llamaba él: "El que pasa el tiempo bien", trata de contarnos, ante todo, cómo transcurre el tiempo y cómo perdura él. Su obra, su Gran Círculo, es pues, una creación mecánica, como un mapa del tiempo que hay que imaginarse ahora en movimiento según unas reglas precisas y variadas que articulan en un sistema todo el enorme campo del antiguo pensamiento cosmológico egipcio, lleno, aún, de sombras, del que este monumento, acaso único superviviente de su género, se ha convertido en clave y guía segura para futuras referencias.
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ABREVIATURAS
| BIFAO - EN - JEA - KRI - PGM - Wb - |
Bulletin de lInstitut Français dArcheologie
Orientale. Editora Nacional. Journal of Egyptian Archaeology. Kitchen Rameside Inscriptions. Papiros de Magia Griegos. Wörterbuch der Ägyptischen Sprache (Academie Verlag). |
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NOTAS
(1) Ramsom: Bulletin of the Metropolitan Musseum -New York- IX, 1914, 112-20. Volver
(2) B. Porter-R.Uoss IIIº, II' part. (Oxford 1981), 504). P. Vernus: Athribis (IFAO, 1978), 246. Volver
(3) Schafer: Weltgebáude der Alten Ágypter, (1927), 87. Schott: Bulletin de la Société Française dEgyptologie, 53-54, 40 y 41. Posener-Sauneron-Yoyotte: Dictionnaire de la Civilisation Egyptienne. Paris. (Ver "NUT"). Volver
(4) Gardiner: JEA, 30, 38. Schafer, Op. Cit., 87; Ramson, Op. Cit, 113; Motet: Géographie l (1957), 13. Volver
(5) Gertie Englund: Congnitive Structures, (Upasala, 1989), 7 y Raqnhild Bjerre, Op. Cit., 259; Hornung: Der Eine und die Viele. (Darmstadt, 1973), 237 y ss. Volver
(6) Obsérvese el pésimo efecto del vaciado francés, inmerecidamente elogiado por Pirenne en su Historia del Antiguo Egipto III, 450 (Edición española de 1982); ver también Posener Op. Cit. Volver
(7) Ramson, Op. Cit. 118. Volver
(8) Piankoff: The Tomb of Ramses Vl, (New York 1954), 386. Volver
(9) Sauneron: "La notacion de lheure dans les tetes dEsna", RdE, 21, 65: "El (Shu) ha asignado un tiempo fijo a todo lo que sale de él". Ch. Jacq: Le Voyage dans lautre monde, (1986), 184: Shu que eleva a Ra (reparar en que la nota anunciada 2476 no existe luego). Para Shu que eleva a Ra ver, Faulkner: Coffin Texts II, 35: "Es tu hijo Shu el que te elevará". Igualmente, en la Hora 12 del Amduat, Shu toma a Ra en sus brazos y lo eleva al cielo: ver Abdel-Aziz F. Sadek: Contribution a létude de lAmduat (Orbis Biblicus et Orientalis, 1985), 58. Como director del viaje diurno del sol, CT II, 37. Volver
(10) Bakir: JEA 60, 254: "A furter re-appraisal of the terms NHH and Dt", en que el autor corrige anteriores coclusiones y establece la identidad entre NHH y el ciclo solar. Volver
(11) Para la relación entre eternidad y año ver: Brugsch, Thesaurus, 216 (:la diosa del año, "Señora de la Eternidad"); Hornung: Sonnenlitanei (AEGYPTIACA HELVETICA, 1975), 80 (:"el eterno, Señor de los años"), Golénischeff: Papyrus Hieratiques (Cairo, 1927), 199, 19 (:"la eternidad -nHyt, Wb II, 290, 3- que recorre los años"). Volver
(12) Catalogue de la Fonte Hierroglyphique de lImprimerie de lI.F.A.O., (Le Caire, 1983), 104, nº 8; Valeurs Phonétiques des signes hieroglyphiques dépoque Gréco-Romaine, lº, (Montpellier, 1988), 164, 345. Volver
(13) Ch. Jacq: Recherches sur les paradis de l'Autre Monde, (Paris, 1993),78. Ireneo de Lon: Adversus Haereses, 2, 4. Volver
(14) A veces figuran dos ojos: ver: The British Musseum: Hieroglyphic Texts from egyptian stelae. part 10. pls. 12 y 50 . Volver
(15) Barguet: "Le cycle Lunaire dapres deux Textes dEdfou", RdE, 29. 15 y 18. Volver
(16) Gardiner. Op Cit. pl. V. 1. Volver
(17) La cabeza, visiblemente femenina, con la doble pluma emerge del suelo delante del personaje ver en figura 2-; observar la línea de estrellas bajo el tercio superior. Volver
(18) El personaje yacente es visto como Shu por Ramson. Op. Cit., 119, sin que sepamos por qué. Una imagen de Shu yacente con un halcón, o sea: Horus, sobre él en actitud de protección resulta absolutamente incongruente con la iconografía egipcia de cualquier período. Aquí tenemos, sin duda, una imagen de Osiris. Volver
(19) Montet, Op. Cit., 13. Vernus. Op. Cit., 246. Volver
(20) Ver Valeurs... lº. 134. Nº 187 a 191. Barguet. Op. Cit., 17: "las dos hermanas se presentan para su servicio: ellas elevan el disco hacia el cielo al alba". Volver
(21) Kruchten: Les annales des prêtres de Karnak. Leuven. (1989), 203. Volver
(22) Kruchten, Op. Cit., 204. nota 2. Volver
(23) Elizabeth Thomas: "Solar Barks prow to prow". JEA, 42. 65. Volver
(24) Elizabeth Thomas. Op. Cit., 75. Volver
(25) Piankoff. Op. Cit., pl. 62. Hornung: Buch von den Pforten l, (Aegyptiaca Helvetica, 1979), 410. Volver
(26) Ver también en Kruchten. Op. Cit., 204, nota 1. Volver
(27) Vandier: Le Papirus Jumilhac. pl. 8 y 10. Volver
(28) Posener. Op. Cit. Volver
(29) Sydney Aufrère: "Caractères principaux et origine divine des mineraux" RdE, 34. 18. Volver
(30) Como en Gardiner A-52. Valeurs lº 63. 1089. Budge: Book of the Dead IIIº, pág 151, 5. Volver
(31) Como en Valeurs lº, 63., 1103. Volver
(32) Observar que en la reproducción dibujada de Ramson -figura 1- se distinguen claramente los personajes. Pero no respeta la naturaleza de los signos y dibuja una forma convencional para todos sin distinción de diferencias. No obstante, queda claro: no son signos indicadores de paises extranjeros. Posiblemente este dibujo no resulta desconocido a Posener: al menos. Schott, que lo conocía, insiste en el mismo error contra todas las evidencias. Volver
(33) Ver como muestra: el escultor debió equivocarse en el cálculo de la simetría y en vez de seis y seis óvalos, puso sólo cinco a la izquierda con lo que dejó más bajo de nivel al genio del oriente que se supone debía de guardar la línea del camino del sol. Alguien. -Uresh-nefer, sin duda-, mandó corregir y. como puede observarse, un pequeño trazo prolonga hacia arriba la línea del suelo del genio hasta el punto exacto al que debía de haber llegado. Volver
(34) Wb II. 213, 7. Ch. Jacq, Op. Cit., 75. Volver
(35) Observar que los tres personajes del óvalo que encabezan ambas series por la izquierda no están invertidos. Volver
(36) R.W. Sloley: "Primitive methods of measurin time". JEA, 17, 174. Schott. Op. Cit., 39. Volver
(37) Piankoff. Op. Cit., pl. 12. Volver
(38) Barguet: "Le livre des Cavernes et la reconstitution du corps divin". RdE 28, 25. Volver
(39) Jean Claude Goyon: Rituels funéraires de lAncienne Egypte, (Paris 1972). 283 a 285 (Libro segundo de las respiraciones). Volver
(40) Blackman and Fairman: "The significance of
the ceremony Hwt bHsw in the temple of Horus at Edfu". Text 10-E.
7813. JEA 35, 104. Comparar con Edfu l, l,
(1984, 78. nota z-aa.
Ortografía no citada en Wb. Volver
(41) Schott: Op. Cit., 41: "Tandis que le cercle terrestre doit etre vu comme un disque horizontal, la deesse est disposée verticalement par rapport a ce disque". Elizabeth Thomas. Op. Cit., 71, reconoce, en cambio, la posición vertical del Gran Círculo. Volver
(42) El caso es interesante como muestra del desprecio al que puede llegar la investigación en el tratamiento de los temas especulativos egipcios calificados, incomprensiblemente, luego, de incoherentes. Volver
(43) "Disco" o bien "ojo" nocturno pues ambos anillos, en la visión egipcia, pueden ser llamados "ojos". Para el ojo wDAt. como la totalidad del espacio nocturno recorrido por el sol, ver Annie Glasse: "La Litanie des douze noms de Re-Horakhty", BIFAO 84, 214, nota 3. Volver
(44) "Cielo Superior" o hrt
, opuesto
al Nnt. Ver Ch.
Jac, Op. Cit., 75. Volver
(45) Sauneron: Esna l/III (:L'ecriture figurative dans les Textes dEsna), IFAO, 1982, 56 a 58. La época de estos textos criptográficos de Esnah es la Domiciano-Trajano, 81 a 117 d. C (Ver Sauneron, Op. Cit., 10). El sistema de estas inscripciones -: letanías en que el nombre de la divinidad figura escrito con signos que se encuentran repetidos en los epítetos de la letanía-, viene comentado también en la obra del mismo autor. Les pretes de lAncienne Egypte (Cahors 1988), 138 a 141. Volver
(46) Vandier. Op. Cit., Vl, 5 a 16. Volver
(47) Ver PGM, l, 10-15 y nota 4 (Edición en español, Gredos, Madrid, 1987). Volver
(48) Ireneo de Lyon, Op. Cit., 14, 3-7; ver también, Robinson: Nag Hammadi Codices X. (Leiden, 181), *28 a *31. Volver
(49) J. Yoyotte: "Jeux decriture sur une statuette de la XIX' dinastie", RdE, 10. 89. Volver
(50) Baruq-Daumas: Himnes et prieres. (Paris 198), 388-392. Yvon J.L. Gourlay: "Trois steles memphites", BIFAO 79, 96, nota 6. Volver
(51) Erik Iversen: "Egyptian and Hermetic doctrine" (Copenhagen, 1984), 9. Volver
(52) Para inscripciones con este criptograma, ver en
la lista de dioses de Edfu Q.. 66. nº 6. Ver la variante
en Sauneron, Esna III, (Le Caire, 1968),
242, 15. Volver
(53) Valeurs l, 124, 1. Volver
(54) Valeurs l, 89 y ss. nº 121 a 165 (:
) Volver
(55) Ver nota 9; añadir. para la relación de Shu con el tiempo, el capítulo 64 del Libro de los Muertos: Budge, Book of the Dead l, 64, 17-20: Shu, como director de la hora nocturna. (Ver en la traducción castellana de Federico Lara Peinado, El Libro de los Muertos, E.N., Madrid, 1984, 160). Shu, al igual que eleva el cielo diurno también eleva el cielo (= el horario nocturno). Ver en Brugsch, Thesaurus, 175 -lámina (: Tumba de Ramsés IV, con los Decanes como indicadores de la hora nocturna). Volver
(56) Valeurs III, (1990), 438, nº 101. Volver
(57) Elizabeth Thomas, Op. Cit., 71. Volver
(58) Elizabeth Thomas, Op. Cit., 70: La autora, aquí, pasa por alto si la escena sucede o no sobre el límite. Volver
(59) Piankoff, Op. Cit., pl 149 y E. Thomas . Op . Cit., 72. Volver
(60) E. Thomas lo reconoce así. Op. Cit., 79.
donde incluye casos como el del sarcófago D9 del Louvre -din. XXVI-, citado en el
diagrama, p. 75 (= Eh) con las diosas sobre las barcas afrontadas y con el mismo
significado de "Salida del Sol". El mismo sentido aparece en el jeroglífico dwAw con las dos diosas en torno al
signo del este:
Valeurs
l, 134. 191. El elemento definidor es la raya -límite: afrontación por encima
: chacales, barcas. etc = curso solar completo; por debajo, = salida solamente. Volver
(61) Sauneron: Esna Vlll, nº 53. Volver
(62) Vergote: Grammaire Copte Ib Louvain. 1973. 16. Volver
(63) Para este principio vertebral de la lógica egipcia, ver Gertie Englund, Op. Cit., 77. Volver
(64) Es el óvalo de Catalogue, 323, 5, Valeurs III, 450, nº 293. Para la descripción y función del signo, ver Lacau: Sur le Système Hierogliphique, (Le Cairo. 1954), 26 a 28 y 34. Volver
(65) Wb l, 496, 1. Volver
(66) Hornung: Texte zum Amduat II. (Aegyptiaca
Helvetica, 1992), 443: U, llb, 18b
, All, 28:
, Th III, 18c:
Volver
Aquí, los puntos significan arena, como en Lacau, Op. Cit., 27, el
óvalo representa el desierto fuera del Valle-: como determinativo de Axt: "horizonte"-. Es en estos parajes en los que
Sokari lleva el titulo: "Hry-Sa.f: "El que está sobre su arena"-: Hornung, Op. Cit., 348, Hora
4º, All, 4:
.
arena, por necrópolis, como el contracielo.
(67)
-Wb II, 217, 9, Valeurs II, 390, 15. Volver
(68) Ramson: Op. Cit., 116. Las Horas 4' y 5' van escritas en los pies del sarcófago. Volver
(69) Valeurs l, 144, 17. Volver
(70) Así en el Copto Sahídico: Vergote, Op. Cit., la, 3. Para la extensión del Sahídico en las regiones II y IV' de Worrell, Vergote, Op. Cit., la, Appedice A y C: desde Menfis hasta el Egipto Medio. Volver
(71) Saunneron: Op. Cit., 99, nota 2, en que cita las mismas conclusiones de Worrell y Vergote correspondientes a la región de Esnah y a su variante dialectal. Volver
(72) Para la concepción egipcia del universo como un cuerpo o un todo orgánico, ver Ragnhild Bjerre, Op. Cit., 30 y ss. Volver
(73) Para la atribución a Ptah de la paternidad de Ra, cuya autocreación se encuentra bien documentada, como demostración de una rivalidad política del clero menfita hacia el heliopolitano, ver Dia Abou Ghazi: "The first appearance of Re and his continuous being". BIFAO 68, 50: "What urges me to refuse the paternity of Ptah to Re is that this fatherhood meant an political aim". Por otra parte, el propio Ptah puede ser considerado "heredero de Ra y de Osiris" -ver KRII, 660, 29 y 30 y JEA 82, 58: Ptah, como heredero de Ra en una estela de posible procedencia menfita. Volver
(74) Baruq-Daumas, Op. Cit., 395-396. Volver
(75) Para el epíteto de Ptah e aA-pHty -variante: wr-pHty-: "grande en fuerza". ver Ramadan el-Saved, BIFAO 80, 209. Frecuente durante este período, su origen es, corno se ve, mucho más antiguo. Volver
(76) Baruq-Daumas, Op. Cit., 396. Volver
(77) Ramson, Op. Cit., 120. Volver
(78) Budge, Op. Cit., Il, 105, 2: inD-hr.k. k3.i, hw.i. Volver
(79) La duración de la vida y el Ka se encuentran íntimamente unidos en el pensamiento egipcio. Resulta muy frecuente durante la Baja Epoca la petición a los 4 Ka del dios creador menfita -personificados como 4 genios- de los 4 deseos que aseguran la felicidad de la existencia material cuyos ecos escuchamos también en nuestro bajorrelieve: una larga vida ( aHaw) y felices vejez, entierro y posteridad. Ver: Dimitri Meeks: "Les Quatre Ka du démiurgue". RdE 15, 35. El autor admite como posible que el propio nombre de Menfis (: Hwt-KA-PtH), escrito en muchas ocasiones en plural (: Hwt-KAw-PtH), aluda a estos 4 aspectos de Ptah. Para la relación del Ka y el número 4, ver Sauneron: "Remarques de Philologie et dEtimologie". RdE 15, 60. Volver
(80) Puede afirmarse que la Divinidad solar, se trate
de Ra, Atum o Shu, se relaciona insistentemente con la idea del tiempo o del tiempo
cíclico, sea anual u horario. Tales son las conclusiones a las que llega, también,
Barguet: "Scènes de la Salle du Sarcophage de Ramses Vl", RdE 30, 56: el
viaje nocturno de Ra se representa en esta sala de la tumba de Ramsés Vl, como una
progresión a través de una secuencia horaria, temporal, más que espacial. Para la
lectura del Gran Círculo como variante del signo común
con el punto central (= pequeño círculo más
desarrollado, ver Catalogue, 262, 11 =
y Leclant, RdE 8, 119 . Volver
(81) G. Goyon: "Le Gran Cercle dor du temple dOsymandyas", BIFAO 76, 289 y ss. Volver
(82) Según traducción de Goyon, Op. Cit., 291. Volver
(83) Ramson, Op. Cit., 116. Volver
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© Del artículo: Antonio Hernández Marín 1995. Todos los derechos de copia o reproducción están reservados.
© De la página y la presente edición: Agustín Barahona Juan 1997-2003. Todos los derechos de copia o reproducción están reservados. Copyright